Edgardo Rodríguez Juliá

Puertorro Blues

Por Edgardo Rodríguez Juliá
💬 0

Diplomacia de pelota y de barcaza

Con el advenimiento de la gobernación puesta en manos puertorriqueñas, en 1947, y la fundación del Estado Libre Asociado, en 1952, Puerto Rico vivió la ilusión de un país, o sea, no una mera nacionalidad sino un estado independiente, un país aparte de U.S.A. Puerto Rico se internacionalizaba con semblante propio.

Entre 1948 y los años setenta el país pretendió este perfil propio en el deporte, la cultura, la creatividad económica y la diplomacia.

Ya en 1948, en Londres, participamos en las olimpiadas con el escudo del cordero; en 1952, en Helsinski, desfilamos en la ceremonia inaugural con el cordero y en la clausura con la bandera monoestrellada, que hasta hacía poco tiempo era la nacionalista, la del temido Albizu Campos.

En los años cincuenta el Partido Popular Democrático ensayaba el nacionalismo cultural y, a la vez, la internacionalización de la alta cultura: de los vejigantes de Don Ricardo Alegría en Loíza pasábamos a la fundación del Festival Casals y la Orquesta Sinfónica por Don Pablo. Mientras tanto, la música de Rafael Cortijo, y más adelante la de El Gran Combo, serían la música favorita tanto de cubanos, como de venezolanos, colombianos y martiniqueños, imponiéndose así nuestra horizontalidad antillana.

También existía, hacia esos años, una ejemplaridad en la creatividad económica y el fortalecimiento de las instituciones democráticas. Escuché por vez primera la diversidad de los acentos latinoamericanos cuando mi padre recibía a los estudiantes del famoso “Punto Cuarto”, de cooperación Panamericana, creado por el presidente Harry S. Truman. Venían a estudiar con mi padre las maneras de viabilizar, mediante préstamos gubernamentales, una vivienda decente para parceleros y pequeños agricultores. Todavía quedaba mucho de la ejemplaridad social del “Nuevo Trato” de Franklin D. Roosevelt.

En los cincuenta se construyó en Rincón una planta nuclear. Se abandonó el proyecto dado el rentable precio del petróleo como fuente energética; hoy estamos obligados al gas natural y a la reconsideración de la viabilidad nuclear, ya ensayada, para riesgo nuestro y de todo el Caribe, por la Cuba socialista. En la década de los setenta, mediante las corporaciones 936 como incentivación para las farmacéuticas, industrias intensivas en capital y con los requerimientos de una mano de obra diestra y capacidad gerencial, nos convertimos, bajo el ensoñado palmar de Pedro Flores, en uno de los principales fabricantes de productos farmacéuticos del mundo. Vivíamos una bonanza.

También éramos, en los años cincuenta y sesenta, los “pitiyankis” por excelencia, tropas coloniales, “gurkas” bajo las órdenes del Departamento de Estado Federal. Si había que acabar con la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, se conspiraba en La Fortaleza. Luis Muñoz Marín se convirtió, junto a José Figueres de Costa Rica, Juan Bosch en Santo Domingo, y Rómulo Betancourt en Venezuela, en parte de la llamada izquierda liberal y democrática latinoamericana. Habíamos olvidado, un poco, nuestro perfil colonial. Teodoro Moscoso fue nombrado embajador de los Estados Unidos en Venezuela y Arturo Morales Carrión secretario adjunto de la Organización de Estados Americanos (OEA). Estos diplomáticos, y a la vez súbditos coloniales, no podían votar por el presidente de la nación que representaban.

La progresiva dependencia e integración a los Estados Unidos, mediante la emigración y el aluvión de fondos federales en los años setenta, detuvo nuestra internacionalización. Estamos abocados a mirar el mundo, casi fatalmente, a través de los Estados Unidos. Y cuando no lo hacemos, por ejemplo, denunciando que todavía somos una colonia, no lo hacemos mediante un consenso amplio, nacional, sino mediante líneas partidistas: Anteriormente las tres tendencias políticas hacían un reclamo ante la Organización de las Naciones Unidas. De un tiempo a esta parte, Pedro Rosselló prefiere lamentarse en el muro de la OEA, organización de cuestionada independencia respecto del Departamento de Estado Federal.

Con la desaparición de las corporaciones 936 hemos vuelto a ser una provincia colonial mendiga, esta vez bajo una Junta de Supervisión Fiscal que nos mantiene bajo tutelaje económico, porque nos creímos ricos y gastamos por encima de nuestra riqueza y productividad. Construimos un tren urbano que no va a ninguna parte, planificamos este para doscientos mil usuarios al día y apenas lo usan cuarenta mil, cada pasaje es subsidiado por los contribuyentes a razón de más de seis dólares. De la ejemplaridad de los años de desarrollo hemos pasado a la insuficiencia bajo la ley Promesa.

Carmen Yulín Cruz, Lin Manuel Miranda y Alexandria Ocasio-Cortez conforman nuestros emblemas de una mayor integración a los Estados Unidos. Carmen Yulín es secretaria de la campaña de Bernie Sanders, Lin Manuel Miranda es un gran talento, aunque en inglés y cautivado más por Alexander Hamilton que por Ramón Emeterio Betances. Alexandria Ocasio-Cortez es parte de la izquierda progresista norteamericana; podría convertirse, por su carisma y conocimiento de esa sociedad, a dos elecciones plazo, en candidata “latina” a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata.

¿Somos parte de U.S.A. o de Latinoamérica? En el pasado Congreso de la Lengua Española celebrado en San Juan, fueron los mismos españoles quienes adjudicaron que, a pesar de nuestro “aprecio y defensa de la legua española”, como hubiese dicho el poeta español Pedro Salinas, pertenecemos fatalmente a U.S.A. Fue como pedir franquicia en un club que todavía cuestiona nuestra identidad hispanoamericana.

Mientras tanto, en un gesto que marca el tránsito de lo penoso a lo ridículo, de lo trágico a lo patético, en un tiempo de carestía en Ciencias Forenses nos gastamos doscientos mil dólares en enviar una barcaza llena de ayuda humanitaria a la Venezuela del autócrata Nicolás Maduro. ¿No sabe nuestro secretario de Estado, Luis Rivera Marín, lo que es un país soberano?

A veces pretendemos no pedirle permiso al Departamento de Estado Federal. La Federación de Béisbol enviará un equipo de béisbol a “foguearse” con el equipo nacional de Nicaragua, torneo programado para el 15, 16 y 17 de marzo, juegos de pelota combatidos por intelectuales nicaragüenses, también por el lanzador Dennis Martínez y uno de los hijos de Roberto Clemente, quienes interpretan nuestra participación como un espaldarazo a la ya sangrienta dictadura de Daniel Ortega. Antes éramos obedientes e ilusos; ahora somos erráticos, disfuncionales, contradictorios.

Ubicados entre Orlando y algún barrio rural, habitamos un futuro sin porvenir, una memoria sin pasado, sin ese algo oculto que fue la esperanza de aquellos años. Vivimos en lo chato.

Otras columnas de Edgardo Rodríguez Juliá

sábado, 10 de agosto de 2019

¿El pueblo dirigente?

La clase dirigente puertorriqueña, en crisis desde hace décadas, podría pasar de una situación de desorden a una de caos, expone el escritor Edgardo Rodríguez Juliá

sábado, 13 de julio de 2019

Estadidad o muerte

Edgardo Rodríguez Juliá expresa que, progresivamente, se le fue restando al estadoísmo la mística del ideal político en Puerto Rico

sábado, 8 de junio de 2019

After Maria, sus mujeres

El escritor Edgardo Rodríguez Juliá comenta sobre el polémico documental After Maria

💬Ver 0 comentarios