Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Directorio PNP, el pecado del chateo no justifica la renuncia

Si bajo las circunstancias que hoy existen el gobernador Ricardo Rosselló Nevares tiene vínculo o señalamiento de corrupción gubernamental se merece que su partido le niegue el derecho a presunción de inocencia política, le retire la confianza, solicite su renuncia a la presidencia del partido y la gobernación; dejándolo en libertad de plantear su presunción de inocencia personal ante las autoridades que lo investiguen y procesen. 

De lo contrario, el pecado del chateo no justifica arruinarlo ante la historia como el primer gobernador forzado a renunciar o residenciado de Puerto Rico.  Los errores de juicio hasta ahora puntualizados que el gobernador admite, no son causa para su partido abandonarlo y desgraciarlo.

El más alto liderato del principal partido y actual partido de gobierno, no puede amedrentarse ante tácticas y presiones de la oposición para exacerbar un estado público de caos irracional que equivalga tumbar el gobierno constituido legítimamente en las urnas con el sufragio libre democrático del pueblo. 

Esa anarquía nos igualará ante el escenario nacional e internacional a la frecuente inestabilidad política de algunas repúblicas latinoamericanas.  Tal consecuencia sería mortal para nuestra aspiración de que el territorio de Puerto Rico sea admitido a la Unión; y ese, es el objetivo principal de los sectores radicales que lo persiguen fomentando la inestabilidad política con la violencia en la calle de los pasados días.Esta crisis que se da ahora bajo mandato progresista no compara en nada la gravedad moral y responsabilidad legal que antes se dio bajo mandato popular cuando el gobernador de Puerto Rico fue acusado por 25 cargos criminales en la corte federal.  Nuestra clase política se ahoga en las propias aguas que ensució. 

La corrupción del coloniaje nos empujó por décadas a desacreditarnos unos a otros ante Washington.  El cúmulo de esa desgracia es que el Congreso nos impuso la sindicatura de la Junta y nos amarra las transferencias federales, mientras un presidente corrupto nos da lecciones de moral.  Hoy, el partido progresista no puede someterse, dando la razón a la sinrazón.

El gobernador Rosselló Nevares responderá a las consecuencias de sus actos, pero su partido, y sus líderes y aspirantes futuros, no pueden salir corriendo ante el ruido del cañón.  Los pueblos no respetan al pusilánime y es desde la adversidad que el ciudadano votante conoce la estirpe de las mujeres y hombres que aspiran gobernarlo.  Esa mayoría silenciosa, perturbada ante la algazara provocada en la calle por aquellos que pretenden conseguir a la brava lo que la democracia no les da, necesita de liderato firme y valiente.


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