Mirelsa Modestti González

Punto de vista

Por Mirelsa Modestti González
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Divide y vencerás: el aumento a los jueces

No quiero hablar del aumento salarial a los jueces. No sería propio, ya que tengo dos en mi círculo familiar. Además, tengo clarísimo que no ha estado nunca en la intención de los legisladores. Se llama táctica y forma parte de una estrategia: Cada vez que les viene un escándalo, lanzan al ruedo algún otro tema que levante pasiones y la gente olvida la barbaridad para distraerse con el otro tema… Una maniobra burda y, evidentemente, efectiva. Mientras nos entretienen con esta discusión estéril y vuelven a cogernos de lo que se supone que no somos, repetimos imprecisiones y hablamos con sorna y desconocimiento.

Un juez municipal, por ejemplo, gana unos $69,000 que, con los descuentos, se convierten en cerca de $45,000. Tiene que hacer turnos, acudir a la Sala de Investigaciones y/o cuarteles de policía durante las noches, fines de semana y feriados. No recibe compensación por horas extras ni por trabajo fuera de horas laborables. No puede recibir ingresos de otras fuentes, salvo previa dispensa y fuertes restricciones (o sea, que no puede vender carteras ni Avon para empatar la pelea). Muchos tienen que trabajar en las Juntas de Inscripción Permanentes antes, durante y después de eventos electorales (en las elecciones, la jornada es de hasta 20 horas corridas “secuestrados” dentro de las JIP) y no reciben paga, sino una ínfima dieta de $75 que la Comisión Estatal de Elecciones tarda meses en pagar.

Los jueces no cotizan y no tienen derecho al Seguro Social. Como sus pensiones no aplican a cónyuges ni hijos, ni su viuda ni sus hijos reciben cheques del Seguro Social cuando un juez muere. Solo pueden recibir aumentos por legislación. Cuando los empleados públicos reciben aumentos periódicos, los jueces no reciben ninguno. Su último aumento fue en 2003, por lo que viven con el mismo ingreso de hace dieciséis años, aunque pagan las mismas hipotecas, los colegios (que suben anualmente) y el costo de vida también aumenta para ellos. No tienen derecho a la huelga ni pueden participar de protestas. Ni siquiera pueden quejarse públicamente. La mayoría de los jueces tiene préstamos estudiantiles que pagan hasta $700 mensuales.

Los jueces no llevan una vida de privilegio, como muchos sugieren. Frecuentemente, se ven imposibilitados de reclamar derechos que les asisten a otros ciudadanos, solamente porque son jueces. No pueden explicar sus decisiones públicamente, defenderse de ataques ni hacer declaraciones públicas sin autorización de la administración de los tribunales. Tienen que quedarse calladitos, ellos y sus familiares, mientras Raimundo y todo el mundo –que no estaba en sala ni escuchó la prueba, no sabe de derecho ni de procedimientos judiciales– pasa juicio sobre sus decisiones y los tilda de incompetentes, prejuiciados o corruptos. No pueden defenderse por derecho propio ni para impugnar un boleto de tránsito. Están obligados a contratar a abogados para cualquier gestión que necesiten realizar en un tribunal.

No pueden Identificarse políticamente, votar en primarias, ni participar en actividades para recaudar fondos. Si hay que vender chocolates y boletos de rifa para la clase graduanda del nene, tienen que comprarlos todos de su bolsillo, porque no pueden llevarlos a la oficina y venderlos. Están sujetos a que cualquiera, descontento con su decisión (que es, por estadística simple, el 50%), los calumnie, acuse injustamente y manche su reputación, pero no pueden defenderse.

Hay manzanas podridas. ¿En qué profesión no las hay? Todos sabemos de algún juez que fue poco ético o incompetente... y de un maestro, un contable, o un empleado cualquiera. Estuve años adiestrando a jueces nuevos y sus familiares para la transición a la “vida judicial”, que no es nada fácil. Puedo asegurar que la mayoría son profesionales que ejercen sus funciones con compromiso y seriedad. 

Independientemente de su opinión sobre el supuesto aumento, despotricar contra los jueces porque están siendo usados para distraer la opinión pública es injusto y muestra cuán ingenuos todavía somos. Mordimos el anzuelo, nuevamente. “Divide y vencerás”, dice el refrán popular, y es lo que hacen con nosotros. Nos tienen peleando unos contra otros, mientras se despachan con la cuchara grande. ¡Y nosotros, tras que caemos, los volvemos a elegir!

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