Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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El “Boys Chat”

Leer las conversaciones en el “chat” de altos funcionarios gubernamentales me recuerda, desafortunadamente, a mis experiencias en la escuela superior. Muchas de las expresiones contenidas ahí las escuché por primera vez cuando tenía 13 años.

Yo estudié en un colegio privado que solo admitía varones. La mayoría eran los hijos de la élite económica del país. La calidad académica era insuperable. La cultura social era tóxica. Dominaba el machismo, la homofobia, el racismo y el clasismo. También dominaba la presión de grupo que nos obligaba a participar de esa cultura o, en el mejor de los casos, permanecer callados para no ser excluidos.

Eso fue hace 20 años. Muchos de nosotros, con mil fallas y tropiezos, hemos intentado superar esas experiencias y deshacer los efectos nocivos de esa cultura. Nos ha ayudado el tener experiencias fuera de esa élite. Pero aún nos falta mucho por recorrer, incluyéndome. Sin embargo, parece que algunos nunca quisieron salir de esa etapa. Por el contrario, la celebran…y ahora gobiernan el país.

Lo primero que notamos del “chat”, antes de leer una sola palabra, es que todos sus integrantes son hombres. Ni una sola mujer fue incluida en el círculo íntimo del gobernador. La mayoría vienen de infancias privilegiadas. Es una versión digital de la famosa, y desagradable, cultura del “Boys Club”, la que sigue viva y coleando en pleno siglo 21. Se trata de grupos sociales cerrados compuestos exclusivamente por hombres, casi siempre en posiciones de poder político o económico. Uno de los efectos, por no decir objetivos, de estos grupos es mantener esa exclusividad del poder, creando así una élite que se cree superior a los demás.

Otra consecuencia de los “Boys Club” es que tienden a reproducir lo peor de las tendencias machistas, misóginas, racistas y homofóbicas que lo crean en primera instancia. Se genera un ambiente propenso para los chistes sucios y comentarios dirigidos a humillar y ridiculizar las personas que no forman parte del grupo: mujeres, personas negras, gente que proviene de las clases pobres del país. En fin, todo lo que sea diferente.

Peor aún, esa dinámica generada en el “Boys Club” no se queda ahí, como si fuera un espacio inofensivo de expresión de grupo. Como se trata, precisamente, de personas allegadas al poder, esa toxicidad afecta cómo se gobierna el país: con total falta de empatía y sensibilidad, generando políticas que tienden a afectar negativamente a esos sectores que son ridiculizados

Para cambiar al país, debemos dejar atrás los malditos “Boys Clubs”, comenzando con el grupo que hoy nos gobierna.

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