Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
💬 0

Esperando la estadidad

Hay líderes estadistas que han sido citados comparando su campaña por lograr la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos con la gesta, todavía inconclusa, de los negros, por acabar con el discrimen racial que se ejercía, y en gran medida se sigue ejerciendo, contra esa población, desde instancias oficiales. Es una comparación difusa, que resulta difícil de agarrar por los contornos, pues se trata de asuntos parecidos solo a niveles muy esquemáticos.

Pero vamos a comprársela, por un momento, para propósitos de examinar la consulta ‘Estadidad Sí o No’ que estará en el menú del 3 de noviembre, según la ley que firmó ayer, con alguna rimbombancia, como suelen ser estas cosas, la gobernadora Wanda Vázquez.

Esta sería la quinta consulta de status convocada por los gobiernos del Partido Nuevo Progresista (PNP) desde el 1993.

Las primeras dos – 1993 y 1998 – resultaron en sonadas derrotas. Las otras dos, en 2012 y en 2017, produjeron victorias muy cuestionadas. En la de 2012, la estadidad sacó el 61% de los votos ante la independencia y algo que el PNP llamó “Estado Libre Asociado Soberano”. Pero, cuando se cuentan las papeletas que por directriz de su liderato los miembros del Partido Popular Democrático (PPD) echaron en blanco en la urna, el porcentaje de la estadidad baja a 45%.

En ningún sitio se cuentan papeletas en blanco y este columnista no lo hará. Pero los análisis que se hacen desde columnas no se deben hacer en el vacío, por lo cual no se puede ignorar ese hecho al analizar lo ocurrido en el 2012, ya que da una idea sobre cuál es el respaldo real que tiene la estadidad en Puerto Rico.

La consulta de 2017, más cercana, todos la recordamos. Toda la oposición boicoteó la votación, que terminó arrojando un inverosímil resultado de 97% a favor de la estadidad que Ricardo Rosselló cometió la locura de ir a Washington a presentar como si fuera un reflejo genuino de la voluntad boricua. Como era de esperarse, nadie lo tomó en serio.

La lucha por la estadidad, mientras tanto, no adelantó nada. Se puede incluso argumentar que a consecuencia de esas acciones se retrasó. Pero ese puede ser tema de otro momento.

Ahora el PNP vuelve a la carga con una consulta ‘Estadidad Sí o No’, a celebrarse el mismo de las elecciones. Son enormes las probabilidades de que la consulta termine en lo mismo de las de antes: en nada.

Hay dos escenarios más probables que otros. Uno es que la estadidad gane por un margen no suficiente para obligar a alguien a prestarle atención en Washington, algo así como 51-49%, 52-48%, por ahí. El otro es que la estadidad pierda, lo cual tendría el efecto de perpetuar la colonia que se dice combatir, pues no dice qué pasa si gana el No.

El escenario en el cual la estadidad obtenga 65, 70% de los votos, que sería un margen que quizás se haga difícil de ignorar en Washington, no se prevé en este momento, aunque siempre es difícil vaticinar qué pasará en una campaña.

En todo, caso habrá votación en noviembre y si la estadidad gana, en enero del 2021, o después, porque estas cosas siempre pueden esperar, como fue el caso desde el 2017 hacia acá, que se actuó con sospechosa parsimonia, se presentará alguna otra versión de los seis proyectos que han sido presentados en el Congreso de Estados Unidos desde el 2012, sin ningún resultado.

Los líderes del PNP culparán a “Charlie Black” de que no les hagan caso. Sus huestes dirán, como vienen diciendo por décadas, “el peor intento es el que no se hace” o que a Hawaii, Alaska, otros estados, se les negó tantas o cuantas veces (no siempre con total apego a la verdad), o que hay que tener paciencia. Ya para las elecciones del 2024, al que aspire entonces al liderato del PNP se le ocurrirá alguna otra manera de llevar a la gente a votar otra vez.

Aquí es que cuadra la comparación con la lucha por los derechos civiles.

Es difícil imaginar al reverendo Martin Luther King Jr., a Rosa Parks, a Medgar Evers, John Lewis, Barbara Jordan, incontables otros, ir al Capitolio estadounidense con el resultado de alguna votación simbólica, presentárselo a algún congresista simpatizante de su causa (o al que le hubieran recogido un par de billetes) y regresar tranquilitos a estados del sur a sus escuelas, restaurantes, baños, playas, hoteles y piscinas segregadas, a que no les dejaran votar si no sabían leer, a sentarse tranquilitos en el asiento de atrás de la guagua.

Es difícil imaginarlo porque no actuaron así. Por el contrario, organizaron huelgas, boicots, campañas de desobediencia civil, se hacían arrestar, arriesgaron la libertad, la hacienda y en no pocos casos hasta la vida misma. Eran hostigados, perseguidos, encarcelados, vilipendiados y asesinados, pero nunca claudicaron.

El movimiento estadista nunca ha hecho nada ni parecido. En su caso, comparten de buen ánimo con quienes ellos dicen que los discriminan o los aplastan. Les recogen dinero. Se toman fotos sonrientes con ellos. Presumen de conocerlos. Toman vino y comen piscolabis finos con ellos mientras bracean en “el difícil”.

Nunca han entendido que Estados Unidos está muy cómodo teniéndonos bajo la bota y que si no se le confronta no actúa. Hay una instancia poderosísima, en la que participaron no pocos estadistas, que podría servirles de lección: Vieques. Si no fuera porque gente cruzó la línea amarilla y arriesgó su vida, todavía estaría la Marina de Guerra envenenando a los viequenses con sus tóxicos cancerígenos.

Actúan con paciencia de siglos porque están muy cómodos en la colonia en lo que llega el cambio. Tienen puestos electivos, sus negocios prosperan, hacen conexiones, tienen acceso privilegiado al apetitosopresupuesto de la colonia, más de uno, más de dos, más de cien, se han hecho millonarios esperando la estadidad. ¿Por qué, piénsenlo bien, habrían de sacudir un bote en el que les ha ido tan bien?

Otras columnas de Benjamín Torres Gotay

domingo, 24 de mayo de 2020

La mano siniestra en el negocio de las pruebas

En la viscosa trama de la venta de pruebas de coronavirus, hay una pregunta central que no se ha contestado: ¿cuál fue la mano poderosa que abrió las puertas para que la transacción se aprobara?

sábado, 16 de mayo de 2020

Esperando la estadidad

Son muy escasas las posibilidades de que la consulta de status que se llevará a cabo el día de las elecciones produzca algún cambio, escribe Benjamín Torres Gotay

sábado, 9 de mayo de 2020

Lo poco que nos queda

Entre toda la turbulencia de los últimos años, los puertorriqueños tenemos confianza casi total en la pureza de nuestras elecciones. La reforma electoral ante la consideración de la gobernadora cambia eso, dice Benjamín Torres Gotay

sábado, 2 de mayo de 2020

A caminar en tierra minada

Nótese la temeridad: después de 50 días de encierro, nos dan permiso de salir cuando viene el peor momento. Eso no hay cómo explicarlo, escribe Benjamín Torres Gotay

💬Ver 0 comentarios