Federico Freytes

Tribuna Invitada

Por Federico Freytes
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Estados Unidos y Puerto Rico: ¿Quién le debe a quién?

En estos días de crisis, debate político y Junta de Control Fiscal, se habla mucho de la deuda que tiene el pueblo de Puerto Rico con sus acreedores y bonistas.  A causa de esto, ha quedado al desnudo nuestra descarnada condición colonial, y se han estado repartiendo culpas y responsabilidades entre los actores políticos y el pueblo en general.  

En la más reciente muestra de la percepción generalizada de nuestra realidad económica, el presidente Donald Trump acaba de afirmar que el dinero para la recuperación luego de los huracanes no puede ser utilizado para rescatar los compromisos financieros de la isla.  Esto bajo la premisa de que nuestra deuda se remonta a algunas décadas de mal manejo e irresponsabilidad financiera por parte de nuestros gobernantes. Sin embargo, los orígenes de la situación económica de Puerto Rico se pueden trazar mucho más lejos de lo que normalmente se debate, comenzando por los sucesos del año 1898, cuando Estados Unidos tomó posesión de la isla al ganarle la guerra a España.  A partir de este momento, comenzó una explotación al pueblo puertorriqueño que puede ser medida y estimada en dólares y centavos, y que cambia por completo la perspectiva existente con respecto nuestra historia económica reciente.  

Entre las primeras medidas tomadas por el gobierno militar, estuvo la imposición de un impuesto de 15 porciento a todo lo que se producía en Puerto Rico.  Los comerciantes y productores puertorriqueños perdieron a su primer socio comercial, España, y no pudieron entrar en el mercado estadounidense, puesto que dicho impuesto le hizo imposible competir con los productos norteamericanos.  Durante estos años, muchas empresas puertorriqueñas desaparecieron debido a la imposición unilateral y forzada de dicho tributo.

Mientras eso ocurría, el Congreso de los Estados Unidos impuso una devaluación de la moneda utilizada en Puerto Rico, estimando su valor en un 40 por ciento por debajo del valor real de la misma en el mercado.  Por ende, los ahorros y activos bancarios puertorriqueños se vieron devaluados de un plumazo, unilateralmente.  Estas dos medidas empobrecieron enormemente al pueblo puertorriqueño, y sentaron las bases para la penetración de las grandes corporaciones norteamericanas de producción de azúcar, comenzando en el año 1901.  El capital norteamericano comenzó a adquirir tierras a niveles de monopolio, y a los puertorriqueños no les quedó otra salida sino emplearse en la nueva industria azucarera, que pagaba salarios de miseria y hambre, con grandes ganancias para los dueños ausentistas.

En 1917 nos impusieron las leyes de cabotaje, en las cuales queda declarado que solo podemos utilizar barcos con bandera y marinos estadounidenses para importar lo que consumimos del exterior.  Sepamos que esta es la marina mercante más costosa del mundo, y se ha estimado que solo lo que nos ha costado el uso de esta marina, equivale al monto de la deuda que actualmente poseemos con los bonistas.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Puerto Rico se vuelve un eje estratégico en la defensa estadounidense de sus intereses en el Caribe, y más aún con la penetración rusa a raíz de la victoria de la revolución en Cuba.  Vieques, Culebra, Ceiba, Aguadilla, Salinas, y muchas otras localidades del archipiélago de Puerto Rico fueron ocupadas para maniobras militares, sin que nunca se pagara directamente una justa compensación por el uso de estas tierras.  El caso de Vieques es sumamente ilustrativo, cuando dos terceras partes de la isla fueron bombardeadas por más de 70 años.  Si bien es cierto que estas maniobras podían traer un impacto económico indirecto en las microeconomías locales, nunca se pagó directamente un precio de alquiler y uso por las tierras usurpadas y bombardeadas por la Marina de Guerra Norteamericana.  Lo que es peor, no nos han pagado prácticamente nada por la descontaminación de las tierras utilizadas durante años, y actualmente los problemas de salud en Vieques son reconocidos internacionalmente, sin que las autoridades estadounidenses hayan reconocido responsabilidad.

Todo lo anteriormente declarado es solo parte del sistema de explotación de la tierra y el capital humano de nuestro país.  Las grandes corporaciones norteamericanas han hecho de Puerto Rico una importantísima meca comercial, ante la imposibilidad que tenemos de proteger nuestra propia producción  y comercio.  Cada año los restaurantes de comida rápida, las mega cadenas de venta de enseres, alimentos y artículos varios, engrosan sus arcas en cifras de muchísimos millones de dólares, a costa del mercado cautivo que representa la isla de Puerto Rico.  Todo esto a cambio de algunos pocos puestos de trabajo sin derechos, muy pobremente remunerados, y algunos dólares al fisco local.

La historia puede ser interpretada desde diferentes puntos de vista, y puede depender del cristal con que se mire, pero los números son los números, y los hechos son los hechos.  Cuando examinamos someramente lo acontecido desde el 1898 cabe la pena preguntar… ¿quién le debe a quién?

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