Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Iowa: una mala noche la tiene cualquiera

Ya que se olviden de Iowa. Que sigan para New Hampshire y les tiren una trompetilla a los organizadores de esa pesadilla.

La gran fiesta demócrata, en el pueblo-chiquito-infierno-grande que tiene el privilegio de marcar el pistoletazo de salida en las primarias, se ha vuelto una chapucería que recuerda las malas películas de la Guerra Fría.

Pasada la medianoche del lunes, una comentarista de CNN, quien presumía de tener comunicación directa con altos jerarcas del partido, “tranquilizaba” a las masas demócratas asegurándoles que la demora de los resultados de los caucus no se debía a la intervención de los rusos.

En Rusia, con el cambio de hora, debían ser como las siete de la mañana, y yo me imaginaba al presidente Putin, con la toalla al cuello, rodeado de sus siete perros, machacándose en la bicicleta fija, frente al televisor como es costumbre, pero teniendo que parar a cada rato para tirarse sobre los manubrios con un ataque de risa.

A las dos de la mañana me di por vencida. Cuando Biden dijo aquello de que “la noche sería larga”, y su esposa, con los nervios de punta, se estrujaba las manos y le tiraba besos a alguien en el público. Siempre hay un seguidor muy fiel que las esposas detectan como con un radar, y al que saludan apuntándolo con el dedo índice: ¡Heyyyyyy!

Antes que Biden, como las mujeres casi siempre son más listas, había salido a dar la cara la candidata Amy Klobuchar, que fue sensata teniendo en cuentas las desternillantes circunstancias. Una seguidora, a su lado, sufría un ataque de ansiedad, toda exaltada haciendo muecas de estupor o entusiasmo, qué nochecita nos han dado.

Las pausas comerciales cada vez eran más frecuentes, y cuando uno ve que los anfitriones de ese tipo de programa, donde los invitados ya no hallan qué decir, empiezan a apoyar el pie en el travesaño de las mesas, cansados de tantas horas de pie, es porque el espectáculo se desinfló.

Me di cuenta de que la mejor manera de pronunciar el nombre del candidato Buttigieg es mascullándolo. Yo quería captar la pronunciación de los americanos, pero no había forma, porque apretaban la boca al decirlo, creo que para no enredarse. Pronto descubrí que nadie en Estados Unidos dice correctamente Buttigieg, pero que Putin, que ahora levantaba pesas frente al televisor, no debe tener problemas en pronunciarlo, ya que Buttigieg suena como “khorosho”, que quiere decir “bien”, mucho que practiqué ese “khorosho” en mis años mozos. 

De hecho, como se demoraban tanto los resultados, cogí un tutorial para pronunciar Buttigieg, y la profesora dijo que ese gieg se pronuncia como “judge”. A punto estuve de grabar un tutorial yo misma para mis compañeros periodistas. Si alguien lo cree prudente, avísenme sin falta.

Hoy martes el anuncio de los resultados de Iowa —tardíos, estragados, bobos— coincidirá con el Mensaje de Situación del presidente Trump. Putin madrugará paraverlo, yquién sabe si aún los demócratas de Iowa estarán contando votos, volviéndose locos con las “inconsistencias”. 

No exagero, uno de los comentaristas que escuché la madrugada de este martes, afirmaba que en algunas de las asambleas los resultados eran tan reñidos, que estaban tirando monedas al aire para decidir a quién le otorgaban el delegado.

Hoy me quedo hasta que se termine. Los periodistas no tenemos horas ni días, eso es algo que se ha ido perdiendo y ya no se enseña en las universidades. Antes lo enseñaban a golpes en las redacciones, se dejaban el buche los sabuesos para sobresalir. Yo el buche me lo dejaré esta noche. Pensando en lo colateral: en Putin, que se estará levantando antes de que amanezca. En la esposa de Biden, que llevará su radar bien aceitado. En Sanders, al que anoche no se le vio el pelo. En Warren, que me parece que tiene mala suerte.

Si me aburro, cojo otro tutorial. Uno más sobre tiramisú.


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