Nydin M. Watlington-Castro

Punto de Vista

Por Nydin M. Watlington-Castro
💬 0

La construcción: modelo para la reapertura

La reapertura de varios sectores económicos de Puerto Rico, incluyendo el de la construcción, marca el reinicio paulatino de una “nueva normalidad,” que día tras día irá evolucionando.  A su vez, esto trae consigo retos nunca vistos y responsabilidades mayores dirigidas a nuestra gestión como patronos y ciudadanos.  Reconocemos que, al ser parte de esta primera fase de reactivación de la economía, tenemos la oportunidad de ser un punto de referencia para que otras industrias adopten estilos de trabajo regidos por el cumplimiento con los protocolos de seguridad y medidas adaptadas para enfrentar este virus.

El rol educativo, proactivo y de generación de política pública que han realizado las asociaciones profesionales que agrupan al sector de la construcción ha sido crucial para lograr esta oportunidad.  Una labor muy ordenada y digna de emular en estos momentos de crisis. 

Definitivamente, la construcción es una industria esencial y vital en la lucha contra el COVID-19.  La industria de la construcción tiene un efecto multiplicador en la reactivación de las economías locales y nacionales, principalmente manteniendo y creando empleo directo e indirecto, siendo un sector que impulsa otras muchas industrias y crea oportunidades de negocio.  Este sector cobra mayor importancia en el caso de un país como el nuestro, en plena reconstrucción.  Más que un motor económico, somos un pilar económico y social que proporciona el sustento para miles de trabajadores y sus familias. 

Las obras de construcción son entornos controlados: no están abiertas al público en general, se llevan a cabo al aire libre, suelen tener una baja densidad de concentración de personal y se llevan a cabo bajo los más estrictos protocolos de salud y seguridad para priorizar el bienestar de los trabajadores.  Por estas razones, la industria de la construcción se sitúa en un rango de bajo riesgo, según los criterios del Departamento de Salud Ocupacional y la Administración de Salud de los Estados Unidos (OSHA). 

Por otra parte, las empresas y las personas que laboramos en ellas, tenemos la oportunidad de ser líderes y agentes de cambio en esta nueva realidad.  Muchas empresas han desarrollado y aplicado protocolos y directrices adicionales para fortalecer los existentes y ofrecer una mayor protección a sus empleados, comunidades y clientes ante los riesgos inéditos que presenta el COVID-19.  

Por ejemplo, la empresa para la que laboro ha puesto en marcha más de 50 nuevos protocolos en todas sus operaciones a nivel global.  Además de algunos de los requisitos generales de nuestros protocolos, tales como distanciamiento físico, detección y medidas de cuarentena, tenemos protocolos específicos, por ejemplo: trabajo desde casa, traslados recurrentes, limpieza del lugar de trabajo y entrega de productos.  Es el deber de las empresas que así lohemos podido hacer, compartir esta información para asimismo contribuir a una reactivación segura y continua. 

Ahora más que nunca, nos toca ser ejemplo y referente de que podemos mover la economía, al tiempo que preservamos la vida y salud de nuestros empleados, contratistas, clientes y todos aquellos trabajadores que forman parte de la cadena productiva.  Nos toca ser embajadores de las buenas prácticas, es nuestro deber intrínseco para salir adelante unidos y fortalecidos.  Queda de cada uno de nosotros contribuir a la reconstrucción de un mejor futuro para todos. Estoy convencida que juntos podemos y vamos a lograrlo.

Otras columnas de Nydin M. Watlington-Castro

💬Ver 0 comentarios