Rafael Jaume

Punto de vista

Por Rafael Jaume
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La dificultad de gobernar San Juan

San Juan es lo más próximo a lo que podemos describir como un Estado dentro del Estado. Si bien representa el 10 por ciento de la población total de Puerto Rico, la vida cotidiana en nuestra capital y la complejidad de administrar su aparato gubernamental no guarda mayores diferencias con el manejo de la cosa pública en el resto del país.

Estamos hablando de una metrópoli de grandes contrastes. Los hay entre sus habitantes, en los niveles de progreso y calidad de vida en sus distintos sectores geográficos, y en la manera de ver y hacer gobierno para cumplir los trabajos y servicios municipales que son esenciales para mantener o restablecer el bienestar de los sanjuaneros.

Estas características de San Juan presentan grandes desafíos. Por un lado, y desde la perspectiva del gobierno municipal, es imperativo conocer a plenitud la ciudad y sus realidades, cuáles son las necesidades básicas de los sanjuaneros, qué sectores reclaman una mayor atención y cómo manejar con relativa efectividad la diversidad de problemas y fenómenos que severamente impactan la estabilidad, seguridad y paz social de la capital. Entre estos se cuentan la criminalidad, la marginación social, las frecuentes altas y bajas de los pequeños y medianos negocios, el deterioro de la infraestructura, el desparramamiento urbano, la elevada población flotante, y los limitados recursos del gobierno municipal para atender esas y otras problemáticas.

Desde la esquina de los sanjuaneros, nuestra experiencia como vicealcalde nos dice que éstos por lo general han estado bastante insatisfechos con el desempeño de los gobiernos locales de turno. La percepción casi generalizada es que los alcaldes malgastan el tiempo poniendo parches inútiles a los problemas y no ponen en práctica ideas ni soluciones para sacar del hoyo a San Juan cuando cae presa de una crisis económica y social autoinflingida, o como secuela de una originada en el aparato central que repercute directamente en los municipios, como la que estamos viviendo estos tiempos.

Las ejecutorias de los alcaldes Jorge Santini Padilla y Carmen Yulín Cruz deben servir a los sanjuaneros para meditar, antes de acudir a las urnas, sobre la capacidad y compromiso que debe tener el próximo alcalde para cumplir las expectativas y exigencias ciudadanas. Ambos alcaldes han tenido sus aciertos y desaciertos, pero cayeron presos del conformismo estéril sin recurrir a la creatividad o a herramientas que probaron ser útiles en el pasado para lidiar con los problemas recurrentes u ocasionales de la capital.

La presente situación de San Juan exige soluciones drásticas. De ahí que el próximo ejecutivo de la ciudad tendrá que “caminar sin muletas” y traer consigo recetas salvadoras para conjurar el deterioro de la economía e infraestructura local, mejorar las condiciones de vida de los sectores más deprimidos, armonizar los intereses de los sanjuaneros, aumentar los ingresos de las arcas municipales, mantener una alta calidad de los servicios municipales y detener el avance de la criminalidad, entre otros fenómenos que sufre la capital. Ojo, pues, al próximo alcalde, que tiene cuando menos que aproximarse a lo que los sanjuaneros esperan y merecen de sus gobernantes.       



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