Miguel A. Riestra

Punto de vista

Por Miguel A. Riestra
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La impunidad de los asesinatos en Puerto Rico

Tal parece que nadie tiene estadísticas exactas del número de asesinatos en nuestra Isla. Aun menos sabemos cuántos de estos asesinatos se resuelven y terminan en una condena contra los perpetradores de los mismos.

En un artículo publicado por Manuel Guillama en El Nuevo Día el 17 de octubre de 2019, él plantea que “la isla es una de las jurisdicciones más violentas del planeta”.  Además, establece que existe “poca eficiencia de autoridades en la investigación”.  

Quiero explorar en este corto escrito otra fase del problema. La gran mayoría de nosotros somos padres, tenemos hermanos, sobrinos y, en mi caso, nietos.  Cada vez que sucede uno de estos asesinatos, me pongo en la postura existencial de las personas que sufren de ese evento. Estoy consciente del sufrimiento y dolor de los familiares y también de los amigos de las víctimas. La vida de las personas que sufren de esta experiencia se transforma para siempre. Es difícil recobrarse y volver a la vida normal.

Existe otro aspecto de este asunto que es aún peor. El saber que la mayoría de los casos de asesinatos no se resuelven y que prontamente son olvidados por las autoridades gubernamentales nos destroza.  El solo pensar que existen miles de asesinos compartiendo sus vidas libremente en nuestra sociedad y en muchos casos, volviendo a cometer otros crímenes, nos llena de dolor e indignación. Nos hace perder la fe en el gobierno, que constituye el cuerpo electo y sostenido por nosotros para proteger nuestros derechos y para mantener nuestra seguridad.

Realmente esta es una situación terrible y tal parece que no existe conciencia real de este gran mal en nuestra sociedad. Tomemos solo algunos ejemplos terribles. Han pasado 37 años de la muerte de Carlos Muñiz Varela, 50 años del asesinato de la jovencita universitaria Antonia Martínez, el caso de Rolandito y el de Lorenzo. Podríamos llenar múltiples páginas de casos horribles que no se resuelven.

Solo para establecer contrastes, hace dos años en Nueva Escocia, la noticia del año fue que sucedió un asesinato por primera vez en su historia. En lugares como Islandia y países del norte de Europa, los asesinatos son escasos. Sin embargo, en nuestra bella Isla, todos los meses sucedes masacres.  Nuestro pueblo está temeroso.  Ya no camina feliz por las calles. De hecho, no nos sentimos seguros ni en nuestros propios automóviles.    

Estoy consciente de los múltiples problemas de los que adolecemos. Sin embargo, sostengo que el problema que más dolor y sufrimiento nos causa son los asesinatos. Exhorto a las autoridades gubernamentales, a las sociedades privadas, a los políticos y a la ciudadanía en general que tomemos rienda de este problema y lo convirtamos en una prioridad en nuestras acciones.


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miércoles, 26 de febrero de 2020

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