Héctor M. Pérez Acosta

Punto de vista

Por Héctor M. Pérez Acosta
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La investigación criminal y el esclarecimiento de los delitos

El ámbito de responsabilidad operacional delegado por el Estado a la Policía de Puerto Rico se puede dividir en dos actividades fundamentales: (1) la prevención del delito y (2) la investigación del crimen ya perpetrado, para su esclarecimiento.

La primera se realiza, esencialmente, asignando recursos de personal adiestrados, equipo y otros, para llevar a cabo lo que conocemos como vigilancia o patrullaje preventivo. La segunda se atiende asignando recursos de personal adiestrados, equipo y otros, para efectuar las investigaciones sobre el narcotráfico y uso ilegal de drogas, crimen organizado, vehículos hurtados, incendios, uso ilegal de artefactos explosivos, los llamados delitos Tipo I y otros delitos graves.

Realmente, estas dos actividades o funciones no operan - o no deben operar - cada cual por si solas. Más bien, se complementan y auxilian una a la otra. Si un agente uniformado del orden público, efectuando un patrullaje preventivo, o en medio de un bloqueo, sorprende a cualquier ciudadano cometiendo un delito y lo arresta en el acto, su función preventiva probablemente ayudó a evitar la comisión de delitos posteriores e investigaciones criminales adicionales. 

Por otro lado, cuando se esclarece un delito y se arresta al responsable o a los responsables, se previenen o evitan innumerables delitos futuros que ese o esos delincuentes, ya bajo el control de las autoridades y del sistema de justicia criminal, no podrán cometer. Esa certeza en el esclarecimiento da aviso, además, a potenciales delincuentes sobre las buenas probabilidades de que sean también aprehendidos y procesados penalmente si incurren en conducta criminal. Como nos enseñan los criminólogos: la investigación criminal y el esclarecimiento de los delitos son parte integral de la prevención del crimen. 

De ahí, que ambas actividades o funciones requieran, entre otras cosas, de una buena y continua capacitación de los agentes - uniformados e investigadores - mediante adiestramientos continuos, la asignación de modernos y suficientes recursos técnicos y de otra naturaleza y de una adecuada dirección y supervisión. Además, la experiencia acumulada durante años por los agentes - uniformados y no uniformados - es un invaluable activo como herramienta importante en la ecuación, para que se produzcan los resultados deseados.

En días recientes, con más frecuencia de la que nadie quisiera, se ha estado experimentando un notable incremento en la información que nos llega sobre los delitos graves o en los llamados delitos Tipo I. Los carjackings, los tiroteos y asesinatos a mansalva parecen ser “la orden del día”. Cuando esta tendencia se manifiesta, unos dicen que es parte del “comportamiento cíclico” de la criminalidad, mientras los directivos de la Policía reaccionan presentando estadísticas que reflejan bajas en los asesinatos y en otros delitos graves. Pero la percepción - más que infundada - queda y el ciudadano, por su parte, se siente más indefenso ante estos repetidos embates.

Frente a este cuadro, indudablemente complejo, es oportuno recordar una de las herramientas esenciales o piezas claves en la práctica de la investigación criminal, cuyo estado de situación podría arrojarnos luz en la evaluación de los resultados que se obtienen en tan importante actividad. Me refiero a los pagos con que los agentes remuneran a los llamados confidentes e informantes, a cambio de información pertinente a sus investigaciones. Y es que estos desembolsos son piezas claves en el componente investigativo y en el trabajo de inteligencia para poder mejorar el esclarecimiento de los casos y conocer cómo se mueve la actividad criminal en la calle.

Por las razones que sean, ya por la confidencialidad de las investigaciones, por la protección y seguridad de los confidentes e informantes o cualesquiera otras, la Policía no divulga datos estadísticos o información detallada de la prioridad asignada a estos fondos, de su uso y de la efectividad en los resultados. Pero no debe caber duda de que, aún dentro de sus dificultades fiscales, con un presupuesto de $1,000 millones anuales, la Policía debe tener entre sus más altas prioridades el comprometer fondos suficientes y recurrentes para pagar con agilidad y rendir cuentas con extrema pulcritud de las llamadas recompensas o pagos a los confidentes e informantes, que a cambio ofrecen información o pistas valiosas sobre crímenes, que en muchos casos permiten o propician la captura de delincuentes.

Cualquier agente investigador será tan efectivo en los resultados favorables de sus esfuerzos Investigativos, como buenos confidentes cultive y mantenga. Hay una estrecha relación entre los buenos confidentes con que cuente un investigador, la información que éstos provean y el esclarecimiento de los delitos.


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