María de Lourdes Martínez

Desde la diáspora

Por María de Lourdes Martínez
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Las realidades del imaginario de Trump

El presidente Donald Trump eligió anoche dejar claras las realidades de su imaginario: 1) que su gran nación, según él, vive momentos de prosperidad económica; 2) que para la solidificación del espíritu estadounidense es necesario crear barreras, señalar claramente a sus enemigos y erigir muros, no solo físicos sino también diplomáticos; y 3) que tiene pleno convencimiento de “su buena gestión” sobre las catástrofes vividas en suelo americano. 

En su Mensaje de Estado de la Unión, el presidente número 45 decidió comenzó alabando un alegado optimismo americano gracias a su empuje económico y su autodeterminación de “Make America Great Again”. 

En un discurso repleto de clichés y técnicas retóricas de siglos antepasados, Trump abusó de ejemplos y alusiones al espíritu americano que en tantas ocasiones ha machacado. Mediante casos y nombres concretos, Trump intentó sensibilizar e inyectar algo de patriotismo a los estadounidenses. Basta repasar sus acciones y palabras para evidenciar que su imaginario y palabras contrastan directamente con la realidad.

Por otra parte, Trump insistió entrelíneas en aislar a América del resto del mundo. Trump obvió la creciente que suponen otras potencias mundiales a las que ha decidido ignorar o amenazar en política y diplomacia. En un trío curioso, el presidente unió a “China y Rusia” junto a “estados parias y a grupos terroristas” que “desafían nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores”.

¡Vaya diplomacia y afirmación contradictoria a la petición que hizo en el World Economic Forum en Davos la semana pasada de no estar solos en el esfuerzo de hacer de Estados Unidos una “gran nación”! 

Lo mismo sucedió con su reiteración de fortalecer las fronteras físicas. En un mundo que lucha contra las barreras y que vive hiperconectado, Trump sigue empeñado en una américa fortificada. Además del muro fronterizo con México, el presidente insiste simbólicamente en alzar vallas contra otras naciones.  Cada vez más, Trump empuja a Estados Unidos a encerrarse en sí mismo. 

Sobre Puerto Rico, y no es que deba sorprendernos, anoche también fue deleznable. El número 45 se limitó a enviar un saludo a la isla junto a varios estados. Como en toda palabra y acción que ha dicho y hecho Donald Trump sobre Puerto Rico, aun en la crisis humanitaria que vive el país y que ha sido reconocida como de las peores en los últimos años de Estados Unidos, el presidente fue parco.

Al día de hoy, hay miles de familias puertorriqueñas sin energía eléctrica y los niveles de emigración se han disparado a causa de la falta de empleo, seguridad y necesidades básicas. No hay nada que celebrar en su pobre gesta federal sobre Puerto Rico. Quizá fue el único momento sincero y tuvo algo de dignidad al no decir nada.

Al día de hoy, las autoridades americanas llamadas a responder han cerrado el grifo que goteaba ayudas al país y que complementaba de forma conservadora con las ayudas de organizaciones sin fines de lucro y de entidades privadas que tomaron como prioridad restablecer la normalidad en Puerto Rico desde el embate del huracán María. Antes y después de anoche, en el limbo siguen las “ayudas” de FEMA y la ayuda federal para la reconstrucción del país. 

En fin, que el discurso de anoche fue una reafirmación de lo que ha marcado su presidencia y que intuyo, marcará su espíritu de continuar aislar a Estados Unidos del resto del mundo. Trump: boca grande, mentiras patentes, espíritu pequeño y cero diplomacias. 

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