Jorge Schmidt Nieto

Tribuna Invitada

Por Jorge Schmidt Nieto
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La terquedad agudiza la crisis

La crisis política que padece Puerto Rico no es única. Muchos países han enfrentado gobernantes que, aun después de haber perdido el favor del pueblo, se han aferrado tercamente al poder. Pero cuando la ciudadanía se tira a la calle para exigir un cambio de gobierno, es casi imposible detenerla. Durante los pasados cuarenta años, más de veinte presidentes democráticamente electos de América Latina y el Caribe han tenido que renunciar por protestas masivas que han paralizado al país.

El año pasado, el pueblo peruano presionó a su Congreso para comenzar un proceso de residenciamiento del presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien renunció eventualmente. Los argentinos han obligado a dos presidentes a renunciar antes de tiempo. Fernando de la Rúa se apegó tanto al poder que al final tuvo que huir en helicóptero del país. Diez años antes lo habían hecho con Raúl Alfonsín.

En Brasil, Fernado Collor de Mello renunció en medio de protestas masivas y 25 años después, Dilma Rousseff fue residenciada bajo la presión de miles de manifestantes. Los venezolanos obligaron a Carlos Andrés Pérez a renunciar en 1993 y ahora intentan hacer lo mismo con Nicolás Maduro. El pueblo boliviano ha removido a tres presidentes, siendo el más reciente Carlos Mesa.

En la vecina República Dominicana, Joaquín Balaguer tuvo que adelantar las elecciones en 1996 para obedecer la voluntad de su pueblo que se desbordó en las calles. Los guatemaltecos han forzado la renuncia de dos presidentes y, en el caso de Otto Pérez, lo procesaron judicialmente. Tres presidentes ecuatorianos han tenido que abandonar el cargo por presiones del pueblo, y tres más enfrentaron acusaciones criminales por corrupción, incluyendo a Ollanta Humala y Rafael Correa.

En Paraguay Raúl Cobas tuvo que renunciar y años después el congreso tuvo que residenciar a Fernando Lugo para acallar las protestas. Han sido presidentes de izquierda y de derecha, porque la corrupción no tiene ideología.

En todos los casos de renuncia del ejecutivo, el país ha recuperado su estabilidad política solamente después que se va, no antes. Los países en que el ejecutivo se empecina en quedarse han provocado mayores disturbios y hasta muertes.

Actualmente Haití lleva seis meses de disturbios constantes para exigir la remoción de Jovenel Moise. Su obstinación ha provocado al menos siete muertos y más de cien heridos. El presidente nicaragüense Daniel Ortega ha desoído el clamor de las protestas masivas y ha provocado la muerte de cientos de personas. Lo mismo ocurre con Nicolás Maduro, que ha desatendido el reclamo popular de que renuncie y en el proceso han fallecido unas 50 personas este año.

Puerto Rico necesita que la Asamblea Legislativa tome acciones contundentes e inmediatas para evitar que la crisis escale a proporciones lamentables. El enajenado poder ejecutivo en Puerto Rico es incapaz de auto componerse. Existen varios mecanismos constitucionales para acabar con la incertidumbre, pero hace falta la voluntad política de la mayoría parlamentaria para activarlos. La delegación del PNP en Cámara y Senado debe escoger si toma el lado correcto de la historia o si se hunde con Ricardo Rosselló.

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viernes, 19 de julio de 2019

La terquedad agudiza la crisis

Puerto Rico necesita que la Asamblea Legislativa tome acciones contundentes e inmediatas para evitar que la crisis escale a proporciones lamentables

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