Ángel O. Navarro

Punto de vista

Por Ángel O. Navarro
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Libertad, igualdad y fraternidad

Entre 1789-1799 ocurrió en Francia un suceso que marcó y cambió el rumbo de la historia en Europa y América, la Revolución Francesa. El lema principal de la revolución fue “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Estas tres palabras fueron pilares del devenir social y económico e hicieron eco en el mundo entero. 

La primera vez que escuché hablar sobre la Revolución Francesa y estos tres conceptos fue en mi infancia, cuando cursaba el tercer grado y pertenecía al Coro de Niños de Ponce. Recuerdo las magistrales clases de Apreciación Musical que nos dictaba Doña Julita Pérez-Guerra, en las que intercalaba la historia de la música. Doña Julita era la madre de la directora del Coro, la Sra. María Inés Suárez Pérez-Guerra. Las tres cultas damas ponceñas, Doña Julita, María Inés Suárez y Doña Sara Salazar fundaron juntas el Coro de Niños de Ponce y fueron la base de la educación musical e intelectual, en la Ciudad Señorial, de cientos de niños y niñas. 

Fue en aquellos años de la década de 1980 que Doña Julita nos hablaba de Ludwig Van Beethoven, la Revolución Francesa, el lema de la revolución y posteriormente, Napoleón Bonaparte. Recuerdo vívidamente las historias con gran fascinación. 

Todas esas semillas fueron plantadas en mi cabeza, y más de 25 años más tarde siempre en mis cursos de historia les narro a mis estudiantes sobre la relación existente entre estos sucesos. 

El tiempo pasó, y hace unos días, ayudaba a mi amado hijo Lucas Mateo a estudiar para su examen de Estudios Sociales de primer grado. Entre las fechas que él tenía que saber reconocer estaba el año de la Abolición de la Esclavitud en Puerto Rico (1873). 

Le explicaba que los afro-descendientes esclavos en Puerto Rico no poseían la libertad, ni tampoco poseían derechos. Lucas, con su gran capacidad analítica y con su natural curiosidad, me miró fijamente y me preguntó: “Papá, ¿qué es la libertad?” 

Respiré profundo… pensé, es un buen momento para sembrarle una buena semilla en la cabeza para que germine a su debido tiempo. Le contesté: “Lucas, me acabas de hacer una pregunta muy importante”. 

La definición sobre el concepto que vino a mi mente fue la frase de Don Quijote, la cual aprendí en mis años de juventud temprana en la escuela; y en un parafraseo sobre la libertad le repetí: “La libertad, Lucas Mateo, es uno de los más preciosos dones que a los seres humanos dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”. 

Estas palabras, cuando me las enseñaron mis maestras de español en la escuela, fueron como un bálsamo para mi mente para poder entender muchas cosas sobre la naturaleza del ser humano. 

Luego que le dije esas palabras a Lucas le indiqué que, junto a la libertad también venía otro concepto importante: la responsabilidad. Reflexioné con él sobre la atención hacia la libertadindividual, y a la responsabilidad colectiva del pueblo y sus ciudadanos, para y porque la democracia siempre es menester respetarla.

Nuestros hermanos en Chile tienen en su escudo nacional el lema: “Por la razón o la fuerza”. Los chilenos toman muy en serio su democracia, y las afrentas al pueblo no son tomadas a la ligera. 

Es interesante observar que, 230 años después de la Revolución Francesa, Puerto Rico tuvo su Verano de 2019. En la fraternidad del pueblo puertorriqueño, utilizando la fuerza de la razón y de forma pacífica, el pueblo agraviado en una unión más perfecta exigió valer sus derechos ciudadanos de forma sosegada. 

El pueblo exigió como una gran masa coral entonando un cántico al unísono, para reclamar la renuncia del gobernante y sus allegados por las afrentas sufridas. Hubo un levantamiento pacífico del pueblo en el Verano del 2019, que los gobernantes de turno no deben olvidar. Los efectos del Verano del 2019 se conocerán con el escribir del tiempo en las páginas de la historia puertorriqueña. Mientras tanto, entre las reminiscencias de las enseñanzas del coro de mi infancia con nostalgia recuerdo que: “no volverán jamás felices días de amor, mi pobre corazón a consolar, a consolar…”. Sin embargo, a pesar de todos los aconteceres en nuestra isla, los buenos y los no tan buenos, jamás nunca perdamos la esperanza de un mejor porvenir para nuestra Bendita Isla del Encanto.

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