Ibrahim Pérez

Tribuna Invitada

Por Ibrahim Pérez
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Lo que le pasó al Trumpcare

El viernes 24 de marzo de 2017 a las 3:45pm, el presidente Donald Trump tiró finalmente la toalla y detuvo la inminente votación de su primera prioridad de campaña, el famoso “repeal and replace” Obamacare que tanto había unido a los republicanos durante los pasados siete años y un día. Para los que seguimos de cerca la hoja de ruta que antecedió la inesperada rendición de Trumpcare, resultaba muy sospechoso que en siete años jamás se hubiese conocido públicamente lo que realmente proponía el tan anunciado plan sustituto. Sencillamente, los republicanos no tenían plan, ni nunca lo habían tenido. Olvidaron que la mera revocación no sería suficiente.

Tras la inauguración de Trump, nadie hablaba, ni presentaba el plan, pero la incertidumbre crecía aceleradamente. Los beneficiarios comenzaron a manifestar masivamente sus temores a través de toda la nación. Ryan tomó la batuta y redactó el plan, pero sin asegurar un consenso real entre las distintas facciones republicanas. Cuando se hizo público el 6 de marzo, los analistas no tardaron en concluir que el remedio era peor que la enfermedad. Que el reemplazo tendría un impacto adverso brutal entre los más necesitados, que hasta unos 24 millones podrían perder su plan obtenido mediante Obamacare. Comenzó el corre-corre, pero todos los esfuerzos por salvar Trumpcare resultaron infructuosos.  

¿Cómo se puede explicar entonces que ni la fama de Trump como gran negociador, ni el compromiso político de “repeal and replace” que resultara tan beneficioso en las urnas para los republicanos, fueran suficiente para aprobar cómodamente la revocación y el reemplazo? Si el norte común hubiese sido el bienestar del paciente y su familia, no hubiesen tenido ninguna dificultad en alcanzar el consenso. Porque esa es la finalidad natural e incontrovertible de un sistema de salud, abrazar las necesidades de salud de la gente primero. Pero el plan propuesto parecía más una reforma contributiva para recortar impuestos a los más ricos, que un plan para mejorar la salud de los más pobres y asegurarle un plan médico de costo asequible. Un grupo significativo de republicanos puso su visión ideológica por delante del bienestar del paciente. Y nunca cedieron hasta causar una irreconciliable división interna que nadie pudo superar antes de la votación. Cuando Trump accedía en las negociaciones a los reclamos de los republicanos de derecha (Freedom Caucus-Tea Party) perdían apoyo entre los republicanos de centro-izquierda que veían amenazado el programa Medicaid, lo único seguro que ya tenía la mayoría de los electores de sus distritos.

Las negociaciones finalmente quedaron paralizadas, y el retiro de la legislación fue inevitable. Paul Ryan terminó admitiendo que Obamacare seguía siendo “the law of the land”. Pero lo peor todavía podría estar por venir, porque una nueva obsesión ha nacido entre los perdedores: intentar sabotear y desmantelar administrativa y presupuestariamente a Obamacare y no hacer nada para repararlo. Trump expresó que lo ocurrido había sido “lo mejor que había pasado, que no se preocuparan” porque el gobierno abandonaría momentáneamente la reforma de salud, esperaría hasta que Obamacare finalmente colapsara para intentar un nuevo plan republicano.  

Si los republicanos hicieran lo que el presidente Trump ha implicado, eso sería altamente irresponsable e inhumano. El gobierno no puede dar la espalda a los más necesitados con el único propósito de ganar a como dé lugar, porque los grandes inocentes perdedores serían los millones de humildes trabajadores pobres cuya salud depende hoy de Obamacare.Varios poderosos mensajes surgen de este gigantesco fracaso político. Y aplican igualmente a políticos de EEUU y PR, y también a otros asuntos no relacionados a salud. Los políticos tienen que escuchar al pueblo y responder a sus necesidades y reclamos. No pueden anteponer sus intereses y visiones partidistas e imponerlas unilateralmente. Tienen que trascender su preferencia política, trabajar en equipo y en consenso con sus colegas de minoría para que lo que decidan pueda ser más duradero y sostenible. En el caso de salud, Obamacare ha sido un adelanto, pero no la solución perfecta. Trumpcare hubiese sido un retroceso. Tanto republicanos como demócratas tienen que trabajar en equipo y en consenso, no para revocar a Obamacare, sino para repararlo para que sirva bien a la gente. Y cuando confirmen que Obamacare reparado tampoco es la mejor solución, entonces tendrán que considerar un sistema universal, el que subsanaría las diferencias generadas por Obama y Trumpcare, el que ha probado a través del mundo ser el mejor modelo para producir sociedades más saludables que EEUU y PR, y a un costo asequible y sostenible.  

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