Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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Lo que Lourdes Ramos no aprendió de Jenniffer González

Hace unos años, cuando era representante en la legislatura puertorriqueña, Jenniffer González se percató de que tenía un asunto pendiente de resolver que podría perjudicarla más adelante en sus aspiraciones a cargos de mayor relevancia.

Para llegar a la Cámara de Representantes había pedido una licencia sin sueldo de la Autoridad de Energía Eléctrica, ya que era empleada regular de la corporación pública.

Ya después de varios años en la legislatura, y sin intenciones de abandonar la política, seguía reservando su puesto de carrera en la AEE, lo que significaba que impedía que otra persona pudiera ocupar su plaza con carácter permanente.

Es imposible saber si fue por eso, o porque Primera Hora indagó sobre su prolongada licencia de la AEE, pero un día su entonces mano derecha, Heidi Wys, comunicó que González había presentado su renuncia a la corporación pública, liberando así el puesto de carrera que conservaba hasta entonces.

La representante penepé Lourdes Ramos está en la misma situación en la que estuvo su correligionaria González, pero parece obvio que no aprendió nada de la ahora comisionada residente.

Ramos lleva 14 años fuera de la AEE y mantiene vigente su licencia sin sueldo, lo que le daría derecho a regresar a su puesto de carrera cuando quisiera, presumiblemente en el caso de que perdiera su escaño cameral. Ya le ocurrió en el año 2000, cuando perdió la reelección y regresó a la AEE hasta que volvió a ganar un escaño en las elecciones de 2004.

Ahora sabemos que Ramos no quiere volver a la AEE, ni siquiera si perdiera en 2020. Lo que quiere es seguir en la política activa, pero cobrando una pensión de la corporación pública a la que, según ella, tiene derecho desde 2014 a pesar de los años que lleva fuera de su puesto de carrera.

El Nuevo Día publica en su edición de este martes todas las gestiones, administrativas y judiciales, que Ramos ha hecho para que la AEE la jubile por 30 años de servicio (comenzó en el ente en 1984), así como las condiciones que le ha impuesto la corporación pública.

Por ejemplo, la AEE dice que Ramos tiene que regresar a su puesto de carrera para poder jubilarse. Ella no está de acuerdo.

También dice la AEE que la pensión de Ramos tendría que computarse a base de su último salario en el ente, que fue de alrededor de $74,000. Ella alega que debe estimarse según su salario legislativo, que es de $84,000 porque ostenta una vicepresidencia.

Ramos acudió al Tribunal de Apelaciones, pero el panel encontró que no se había agotado el trámite administrativo.

Ahora que se ha destapado el asunto, habrá que esperar para ver si Ramos insiste en el papelón que está haciendo ante el país, sobre todo ante miles de retirados de verdad cuyas pensiones están en juego, o si desiste.

La comisionada González podría llamarla para darle un consejito.

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