José I. Alameda Lozada

Tribuna Invitada

Por José I. Alameda Lozada
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Lo que revelan números fríos del plebiscito

Observando los resultados y circunstancias del plebiscito de status del 11 de junio de 2017, tal parece que un grupo sustancial de proponentes de la Estadidad decidieron, al igual, boicotear el mismo. Una vez los principales partidos, PPD, PIP y PPT, y el movimiento Junte Soberanista decidieron retirarse por diversas razones, era claro que la estadidad habría de obtener un porciento cercano a cien, lo cual en efecto sucedido. La sorpresa no está, a mi juicio, en la participación de 23%, sino en la pérdida sustancial de los votantes pro-estadidad que no tiene precedente.

El número total de votantes por la estadidad llega de apenas 502,801 votos en el 2017. Si tomamos como base los votos por la estadidad en el 2012 de 834,191, la tasa probable de participación llegaría a 60%. Claramente, esta tasa es mayor que el resto de los partidos políticos, pero a la vez, muy baja considerando las condiciones objetivas que en esta contienda debieron haber producido mayores rendimientos para el partido en el poder.

Sigue siendo sorpresivo el comportamiento en los casos particulares de algunos municipios que suelen tener un respaldo tradicional y sólido al PNP. El caso de Aguada y Aguadilla son muestra elocuente; los electores que acudieron a la primaria PNP de 2016 combinadamente sumaron 19,527, pero en el Plebiscito del 2017 votaron 16,085; o sea, un 17.6% menos que en el primer evento citado.

Otro hecho distintivo es la trayectoria pasada de la estadidad en los plebiscitos del 1993, 1998 y 2012. En el 1993, la estadidad obtuvo 788 mil; en 1998, un total de 728 mil, y en 2012, el número más alto con 834 mil. Claro, el resultado del 2012 puede ser alto debido a que se combinó con la votación electoral general. La participación general sobrepasaba el 72%, en este llegó a 23%.

El promedio de votos a favor de la anexión, excluyendo el 2012, llega a 783,548. En contraste, el total de votos por la estadidad en este último plebiscito llega a 502,801, cantidad que es la menor vis a vis todas las contiendas anteriores. La estadidad reduce su respaldo en 280,747 votos con respecto al promedio; o sea, un -36.0% menos. Si se compara con el 2012, la estadidad perdió 332 mil votos en el 2017, lo que equivale a un record histórico de reducción de -40%;

Otro hecho sorprendente es que los estadistas tenían todo el espacio y pautas de anuncios comerciales, ya fuese, radio, T.V., billboards; entre otros. A la vez, se eliminó la veda electoral por decisión del Tribunal Supremo; por lo que el discurso y la propaganda política del Gobierno y del PNP pasaron casi sin filtro de los detractores de la estadidad. El presupuesto de $8 millones, estuvo a los pies de los electores estadistas. Con todo y eso, muchos estadistas decidieron no acudir a votar a este plebiscito. Mi estimado es que sobre 300 mil estadoistas realizaron una versión de boicot al proyecto del plebiscito del 2017.

Frente a este sorpresivo comportamiento: ¿será esto un tipo particular de boicot electoral estadista? La cúpula del PNP trató de elaborar explicaciones acomodadas, fortuitas, pero fuera de un carácter baladí. Uno de estos fue la emigración.  Entre 2012 al 2017, la emigración neta (esto es, los que salen menos lo que entran) alcanzó un total de 270 mil personas, de los cuales un 29% son menores a 18 años de edad. Queda entonces sólo un potencial de electores emigrantes de 192 mil. El voto estadoísta se redujo en 331 mil con respecto al 2012. Además, es imposible sostener que el 100% de los emigrantes hayan sido electores estadoístas.

La pregunta fundamental entonces es: ¿qué factores indujeron a este grupo de electores estaodistas a no votar en este plebiscito? Sin ser exhaustivo, proponemos varios.  Primero, la carta del Departamento de Justicia Federal, seguido del silencio al respaldo de parte de este mismo a los resultados de la votación. Segundo, entendían que los resultados habrían de llegar a oídos sordos del Congreso frente a la condición de quiebra de la economía local, lo cual cerraba las posibilidades de acción del Congreso de Estados Unidos y, por lo tanto, a una gran pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo. Tercero, los puertorriqueños creen que Estados Unidos prefiere el status quo, y que no desean cambiar el mismo.

En conclusión, no importa cuál es la explicación o conjunto de ellas, la pérdida de votantes de sobre 300 mil desde el 2012 al presente es un record histórico y no puede ser livianamente despachada y se asemeja mucho a un esfuerzo colectivo -deliberado o no- de ausencia a la participación electoral.

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