Wanda Valentín Custodio

Punto de vista

Por Wanda Valentín Custodio
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Los niños y el crimen que arropa nuestras calles

Es, sin duda, una tragedia lo que ocurrió con el niño de cuatro años que resultó herido en una balacera dentro de su propio hogar en Ponce. La tragedia se agrava cuando, al socorrer a ese niño, encuentran debajo de su ropa 156 “decks” de heroína. Son muchas las razones para que estemos exaltados: la edad de esta víctima; el hecho de que estuviera rodeado de su familia inmediata, quienes son los primeros llamados a proteger a los niños; que estuviera en su hogar, donde se considera que estamos más resguardados de los peligros del mundo; la incertidumbre sobre cómo llegó esa droga a su cuerpo. Estas circunstancias hacen que probablemente nos enfoquemos en el aspecto penal de esta situación de hechos, y queramos identificar, perseguir y encarcelar a quien pueda parecer el responsable inmediato de lo anterior. 

Las circunstancias de estos hechos, escabrosos de por sí, son el reflejo de causas más profundas que escapan la inmediatez de esta familia. Los eventos en el entorno de esta familia son un síntoma de las verdaderas causas que llevan a nuestras comunidades a desarrollar estos niveles de violencia. Les invito a acercarse a este asunto con una mirada más amplia. 

Evaluemos cómo la disparidad en las oportunidades con las que se desarrolla un ser humano, la falta de una educación pertinente e integral del individuo, así como la falta de servicios de salud e higiene mental preventivos y curativos, son los verdaderos responsables de toda esta violencia. Urge que se establezcan políticas públicas adecuadas y valientes que puedan ir transformando en el tiempo la sociedad que hemos creado en aquella que merecemos. Debemos entender que nadie va a regalarnos una sociedad que nutra a nuestros individuos y permita que podamos alcanzar nuestro máximo potencial. Nos toca crearla con nuestra participación y empeño.

No me opongo a que se fijen responsabilidades justamente en el contexto legal; ciertamente, hay que enfrentar las consecuencias de unos actos tan graves como estos. No obstante, esas medidas no atienden la raíz del problema, y mañana solo cambiará el rostro de la víctima. Seguramente, usted ya ha leído sobre las verdaderas causas de la criminalidad e incluso, sobre planes de acción concretos avalados por especialistas serios y comprometidos, que han funcionado en otras sociedades para disminuir la violencia y el crimen que arropa nuestras comunidades. Falta voluntad y sobra corrupción. 

Nosotros como ciudadanos no estamos exentos de responsabilidad en lo ocurrido a ese niño. Los ciudadanos tenemos el deber de fiscalizar los proyectos contra el crimen y la implantación de estos. Tenemos también la obligación de educarnos en estos temas para escapar a la tentación de pedir penas más altas o que los maten a todos para que solo quedemos los buenos. Es urgente que como sociedad nos eduquemos en temas como la despenalización de las drogas y nos involucremos en una conversación nacional seria y profunda para poder salir de la violencia mordaz que mata a tantos y beneficia a algunos. Es hora de que juguemos para nuestro equipo. Es hora de exigir el derecho constitucional a una educación de calidad para todas las personas.

Hoy lloran por este niño y mañana despreciarán al adulto en que podría convertirse, sin percatarse del hilo conductor que existe entre ambos. 


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