Alfredo Carrasquillo Ramírez

Punto de vista

Por Alfredo Carrasquillo Ramírez
💬 0

Otras voces y otros liderazgos

Es muy poca la gente que se muestra ilusionada con el banco de talentos que habrá de competir por puestos públicos en las elecciones del próximo noviembre. Por lo bajo, todos auguran una campaña política aburrida y con pocas posibilidades de inspirar y movilizar afectos y voluntades.

En buena medida, los personajes que aspiran a cargos electivos no destacan por su talento ni por articular ideas robustas ni concretas que puedan atender de manera asertiva y valiente las complejas causas que hacen de nuestro país uno prácticamente inviable. Pero creo que el problema trasciende a los aspirantes en su particularidad.

Vivimos un quiebre institucional sin precedentes y experimentamos la ausencia de un proyecto de país que articule una proposición de valor capaz de devolvernos a una ruta de prosperidad, movilidad social y esperanza. Los lugares comunes y las articulaciones impresionistas, chapuceras y poco rigurosas en los discursos de la clase política no hacen más que abonar a un problema crítico del momento: el liderato político sencillamente no es creíble. Según el crisol ideológico que nos anime, podremos simpatizar con las intenciones de estas o aquellas propuestas, pero la lógica de cómo tales proyectos podrían concretarse y volverse viables no habita las narrativas políticas de quienes pretenden gobernarnos.

Va siendo hora de que reconozcamos con absoluta claridad que estamos atrapados en una peligrosa encerrona: como país seguimos produciendo una clase política que articula discursos y promesas para una realidad que ya no existe. Y los aspirantes al favor ciudadano operan conforme a la lógica de que toca estirar el chicle y no proponer cambios valientes ni verdaderamente transformadores, pues no conviene enemistarse con los intereses que financian sus campañas políticas. Basta echar un vistazo a los informes que están disponibles en la página del Contralor Electoral y donde se detallan nombres y aportaciones que se hacen a los distintos candidatos. Es un penoso y preocupante recordatorio de que la trampa de la que hablo tiene un desagradable tufo a clientelismo.

No desconozco ni pretendo invisibilizar aquellas iniciativas y candidaturas que se denominan alternativas y que enarbolan banderas de diferenciación y distanciamiento de esa lógica clientelista a la que me refiero. Pero en sus discursos y puestas en escena, tristemente, tampoco encontramos propuestas concretas ni proyectos viables. Parece que piensan que basta con oponerse a lo que en otras latitudes llaman la casta política para conseguir legitimidad, lograr credibilidad y obtener el favor de la ciudadanía. A pesar de las serias carencias que como país tenemos en cuanto a educación política, creo que nuestra sociedad merece algo más que esa articulación simplona de binarismos.

Un gran mentor me decía siempre que “la política es demasiado importante para dejársela a los políticos”. Hoy más que nunca y a la luz del escenario que intento describir, estoy convencido de que esa afirmación es relevante y debe convocarnos a repensar las coordenadas del ejercicio público del liderazgo en Puerto Rico.

Si somos rigurosos en el ejercicio de nuestros derechos democráticos, nos corresponde sacudirnos de la herencia monárquica que caracteriza nuestra cultura política y comprender que las elecciones no son más que la ocasión para seleccionar a nuestros principales empleados públicos. No elegimos —o no debemos elegir— monarcas absolutos a quienes otorguemos carta blanca para hacer y deshacer por cuatro años. Escogemos empleados que deben ser capaces de implantar la voluntad ciudadana.


El inmenso desafío radica en los medios a través de los cuales vamos a lograr articular y concertar esa voluntad colectiva que no queremos ni debemos ya dejar en manos de la clase política. Como primeros pasos, celebro el que haya cada vez más voces valientes que desde el sector privado y la sociedad civil muestran el arrojo para expresarse, nadar contra corriente y cambiar las coordenadas del diálogo público. Y celebro también las iniciativas de diálogo ciudadano que sobre todo a raíz de los eventos del verano pasado, han estado sesionando aquí y allá para contribuir a la articulación de una voz pública compartida.


Queda muchísimo por decir, hacer y construir. Pero el que vayan proliferando voces e iniciativas desde otros espacios y sectores, es una saludable señal de ilusión en medio de la desesperanza que sigue generando la clase política del país.


Otras columnas de Alfredo Carrasquillo Ramírez

viernes, 13 de marzo de 2020

Coronavirus: solo contamos con nosotros mismos

Alfredo Carrasquillo declara que es hora de poner a prueba, con la notable capacidad que solemos mostrar, nuestra solidaridad y ese enorme deseo de apoyarnos en momentos difíciles

viernes, 24 de enero de 2020

Entre corrupción y solidaridad

¿Será posible que de la solidaridad e indignación pueda articularse un proyecto que nos libere del secuestro partidista y de la corrupción?, cuestiona Alfredo Carrasquillo

💬Ver 0 comentarios