Joanisabel González

Tribuna Invitada

Por Joanisabel González
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Puerto Rico se pinta de negación

Reporté hace un tiempo que Puerto Rico no debía abrir la puerta de la renegociación de la deuda si no sabía claramente qué había detrás de ella. Como si la política pública fuera entonar canciones de moda, a coro, vestido de rojo, azul, verde o el color que usted quiera del espectro, Puerto Rico abrió esa puerta de todos modos.

Despacito, despacito, gracias a varios millones de dólares pagados a abogados y cabilderos con las contribuciones de ustedes y mías, nos paramos en el umbral de esa puerta el año pasado.

Ni siquiera transcurrió un día entre la aprobación de la ley federal PROMESA y el repudio de la deuda por parte del exgobernador Alejandro García Padilla. Lo importante -se decía entonces- era tener un mecanismo legal para librarnos de pagar los $70,000 millones que antes utilizamos o derrochamos. No había dinero -se decía antes y ahora- y por ello, se pidió y se aceptó una junta con poderes casi omnipotentes. Ricardo Rosselló Nevares, en aquellos meses donde la campaña política es estribillo, se oponía a la Junta, lo que dejamos para el récord. Pero el ahora gobernador también decía, que la deuda pública podía pagarse, renegociándola.

La puja entre el gobernador y la Junta, los gritos de los alcaldes, los que abogan por la Universidad como está, legisladores indignados que no protestaron cuando cedían sus facultades a la mega Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF), revela que Puerto Rico no ha entendido todavía el precio de haber perdido el control de su destino por la pésima gestión de sus recursos públicos y privados.

Bajo la premisa de “la gente antes que la deuda”, se le abrió la puerta a la Junta y el Puerto Rico que la mentó como el pariente que habla “Spanglish” y vive a plenitud al otro lado del charco, la recibió sin tener la más mínima idea de lo que traía la visita.

Esta reportera ha conversado con más de una decena de entendidos en procesos de reestructuración, cuyos nombres no estoy autorizada a revelar, y todos me han dicho lo mismo. Ningún proceso de renegociación de deuda, y mucho menos una propuesta como la que ha hecho la Junta, y que a la fecha, sería por mucho, más perjudicial a los bonistas que al gobierno, los empleados y pensionados, será aprobado en la corte. Ello, a menos que el deudor -o sea, usted, casi tres millones y medio más y yo- deje salir por la puerta, buena parte de los muebles que tenemos en casa. En el mundo de ajustar deudas, es ahí donde quisimos estar, no se condona lo que se debe sin dolor o sin humillación.

No en balde, ahora que hemos visto un poquito del “souvenir” que venía con PROMESA, hay tanta gente agolpándose en la puerta. Resulta que la visita -invitada o no- ha puesto por tema el chisme incómodo de siempre. El cuento de cambiar un gobierno ineficiente, de poner fin a esos municipios donde hay los mismos contratistas para todo, de poner coto a corporaciones públicas donde el mérito para conseguir un puesto es tener un sobrino, un yerno o haber sido parte de la avanzada del candidato político, donde urge poner fin al que cobra peaje para conseguirle reuniones a empresarios con jefes de agencia. Ahora, dicen muchos, a esa visita, a la que de paso le conviene hacer un “tour” de verdad más allá de Fajardo y el Distrito de Convenciones por Puerto Rico, hay que despacharla rapidito.

La Junta es como el pariente que molesta, porque muy en el fondo, nunca quiere recibirse. La Junta no es bienvenida por nadie, pero está bien hacer un huequito en la puerta para que la Junta convenza a la corte y nos deje usar los $1,799 millones en la caja de Hacienda en cualquier cosa que no sea pagarles a los bonistas. Después de todo, a quién puede importarle las cooperativas que podría cerrar o la empresaria retirada puertorriqueña - me reservo su nombre- que le prestó sus ahorros y ha terminado vendiendo, a precio de remate, lo que sudó por una vida.

La Junta es antidemocrática, pero debió ser un acto patriótico gastarse, sin recato, el dinero de los empleados públicos que aportaron a sus cuentas de retiro por años y que ahora no tienen nada. La Junta es dictatorial, pero gracias a la democracia, los administradores públicos creen hacer obra en un país quebrado, pagando millones para cambiar el azul por el rojo o el rojo por el azul, el “ELA” por el “Gobierno de Puerto Rico” o la inversa.

A diferencia de otros tiempos, la puja entre Puerto Rico y la Junta comienza a darles ventaja a los bonistas, quienes despacito, despacito, forraditos de “Jacksons” y “Benjamins” mueven sus hilos en la capital federal para descabezar esta junta que tantos odian. Si tienen suerte, esa Junta -que no me parece se irá en buen tiempo- se convertirá en una visita intolerable si el presidente Trump hace política pública en Puerto Rico como vocifera contra Corea del Norte.

A diferencia de otros tiempos, este choque de mundos azules y rojos - fervientes creyentes en algún vínculo ineludible con Estados Unidos- podría resultar en la independencia, no por convicción digna sino por eliminación.

El 1 de septiembre, como el gobierno y la Junta no han revelado las cifras o los planes que justifican sus actos, se tocará a la puerta para buscar parte del cheque de 150,000 empleados públicos. Después de tantos que se han ido y de tanto perdido, en vez de comenzar un esfuerzo genuino, desprendido, de todos los sectores y así pintar a Puerto Rico con la misma esperanza que se pintó el edificio Yumury de Utuado, seguimos vistiendo la misma saya. Ha de ser que el color de la negación, nunca pasa de moda.

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viernes, 11 de agosto de 2017

Puerto Rico se pinta de negación

Joanisabel González, reportera de Negocios, expresa que la puja entre Puerto Rico y la Junta comienza a darles ventaja a los bonistas

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