Ramón Cruz

Tribuna Invitada

Por Ramón Cruz
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Trump y el cambio climático

Apocalipsis y oscurantismo son algunos de los conceptos que utilizan los ambientalistas para describir las posturas de Trump pues niega el concepto de cambio climático y nombró a cargo de la EPA a alguien que construyó su carrera legal en reducir la influencia de las regulaciones ambientales a favor de compañías petroleras y expresó interés en desmantelar la agencia que se propone liderar. En otras palabras, el lobo velará las ovejas y es posible que no quede rebaño al final del cuatrienio.

Es impredecible qué sucederá, pero seguramente habrá en un retroceso de los avances en regulación, legislación y políticas públicas ambientales de los pasados 30 años en un momento en que no había tiempo que perder.

Hace unas semanas participé en la Cumbre de Cambio Climático de las Naciones Unidas celebrada este año en Marruecos. El ambiente de pesadumbre y preocupación tras las elecciones estadounidenses fue la antítesis a la apoteosis del año anterior al finalizar la Cumbre de París. No es para menos pues el Tratado de París (TP) sobre cambio climático, que cumple un año de ser adoptado, es el fruto de un esfuerzo monumental del mundo entero por más de una década.

Si bien es cierto que Trump puede hacer mucho daño al TP, también lo es que Estados Unidos ya no es el líder internacional indiscutible de los últimos 25 años. Al final de la cumbre muchos jefes de estado hicieron un llamado a Trump a unírseles e indicaron que seguirán adelante con o sin Estados Unidos.

Es paradójico que la ascendencia del populismo de Trump, y su lema “Make America Great Again”, resulte en exactamente lo contrario. A nivel de Naciones Unidas, luego de Bush y el invento de las armas de destrucción masiva en Irak y la falta de apoyo al proceso de cambio climático, Estados Unidos quedó sin fuerza moral ante el mundo. Obama la restauró pero ante un retroceso con Trump, otra potencia emergente asumirá el liderazgo.

Solo muy recientemente es que China cuenta con la fuerza económica, la confianza y la madurez para liderar. Todo apunta a que sacará ventaja a la oportunidad que le brinda el TP y financie muchos de los proyectos de energía renovable que se necesitan para cumplir con las metas de mitigación del cambio climático. Esta es una oportunidad que Estados Unidos está tirando por la ventana al elegir a Trump pues no participará financiando y manufacturando mucha de la nueva tecnología.

A nivel nacional, Trump destruirá la obra cumbre de Obama en este campo, el “Clean Power Plan”. Pero la campaña del Sierra Club, “Beyond Coal”, indica que ya las reducciones cumplen con las metas pautadas para el 2024. La rueda ya gira en una dirección muy difícil de parar.

El sector privado será clave para minimizar el efecto Trump. Justo después de su elección, 365 corporaciones estadounidenses, incluyendo docenas de “Fortune 500” como Nike, Starbucks y GAP, le pidieron que no abandonara el TP. O sea, muchos en el sector privado no ven la responsabilidad ambiental como una mera acción altruista, sino como algo vital para su estrategia de negocios.

El movimiento a la acción es irreversible. Aunque es cierto que se acerca una época de oscurantismo ambiental con Trump y su clan de dinosaurios, también se vislumbra mucha resistencia, protestas y trabajo de base y en los tribunales.

Además, será vital la diplomacia, las acciones unilaterales de gobiernos municipales y estatales y la gestión del sector privado para que sobreviva la economía, la salud pública, el medio ambiente y la sociedad como la hemos conocido en esta generación.

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