David Southgate

Tribuna Invitada

Por David Southgate
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Un nuevo desarrollo sustentable


A unas 340,000 familias les fue denegada la ayuda de FEMA tras el huracán María. Si añadimos la alarmante tasa de muertes, vemos que tener una vivienda segura es una prioridad que ha tomado relevancia. Con la autorización congresional de $1,500 millones al programa federal para la recuperación de desastres, conocido en inglés como “Community Development Block Grant-Disaster Recovery” (CDBG-DR) el tema de vivienda segura ha tomado relevancia. De éstos fondos, $132.5 millones se dedicarán a viviendas nuevas. ¿Pero, dónde serán construidas?

Puerto Rico ha seguido el modelo norteamericano, no sustentable, para el desarrollo suburbano, construyendo nuevas viviendas sobre suelo virgen, en vez de reusar terrenos antes ocupados. Esta práctica consume espacios verdes, añade estrés a una infraestructura deficiente y ha resultado en casas construidas sobre terrenos inundables e inestables.

La reconstrucción del país debe abordarse de forma adaptable y sostenible considerando los “brownfields”, o sea, aquellas propiedades desocupadas donde los posibles contaminantes han obstaculizado su venta y/o desarrollo. En la isla existen más de 1,000 de estos lugares, incluyendo gasolineras cerradas, escuelas en desuso, instalaciones abandonadas de la Compañía de Fomento Industrial, zonas industriales relegadas y comercios cerrados en los cascos urbanos.

Tiene sentido económico y de planificación, el reciclar suelos ya usados con sistema existente de alcantarillado, agua potable e infraestructura eléctrica para iniciativas de viviendas nuevas. En un reciente foro para los alcaldes, auspiciado por el Center for Creative Land Recycling (CCLR, por sus siglas inglés), se presentaron los hallazgos de más de 30% de los municipios y dos agencias gubernamentales con problemas ambientales significativos en su cartera de terrenos. Los alcaldes dejaron saber que parte de su estrategia para el desarrollo económico incluye la repoblación del casco urbano con viviendas de calidad a costos razonables. En su mayoría dijeron necesitar apoyo para navegar los retos legales, ambientales, financieros y de mercadeo asociados con los “brownfields.”

Las agencias locales que administran los fondos antes mencionados, ya colaboran con los municipios para identificar proyectos. La posibilidad de crear proyectos de viviendas sobre los “brownfields” debe ser considerada como una prioridad. Los fondos CDBG-DR y el énfasis en la construcción de viviendas de interés social cerca de la transportación pública, supermercados y otras amenidades sociales y recreativas, son la combinación perfecta para el desarrollo de propiedades abandonadas en cascos urbanos.

Además, la Comisión para un Puerto Rico Resiliente recomienda seguir estrategias sostenibles y de infraestructura resiliente. Aunque la política pública sobre estorbos públicos podría obstaculizar la recuperación de los cascos urbanos y estos lugares considerados como “brownfields”, se puede legislar para que los municipios puedan confiscar propiedades baldías cuyos dueños no han mostrado interés alguno en darle mantenimiento o desarrollar. Esto es apremiante luego del paso del huracán ya que la cantidad de propiedades abandonadas y sin mantenimiento ha aumentado.

Habrá quienes digan que la limpieza ambiental es onerosa, que cuesta mucho y toma demasiado tiempo. A éstos sugerimos considerar lo siguiente: la remediación ambiental previa a la reconstrucción tiene implicaciones y resultados positivos para toda la comunidad, revitalizándola y aumentando los recaudos contributivos municipales y estatales. Al no aprovechar las utilidades existentes cualquier construcción nueva también aumentará el costo y el tiempo significativamente.

Si Puerto Rico olvida sus antiguas zonas industriales o comerciales (“brownfields”) en su proceso de recuperación de los huracanes, estos lugares seguirán siendo un estorbo o recuerdos de lo que los vientos de María se llevó.

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