Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Vamos para Disney

No estaban de buen ánimo los políticos y letrados que abogan por la inconstitucionalidad de la Junta de Control Fiscal, y en favor de que se supriman todas las decisiones tomadas por el organismo que supervisa las finanzas del país.

Y es que una cosa es entrar, y otra muy distinta salir.

Llegaron al Tribunal Supremo de los Estados Unidos yo diría que exultantes y esperanzados. ¿Sabían dónde estaban entrando? En el más alto foro judicial de la metrópoli, nada menos. Como decir: la Casa de Nuestro Señor.

Un imperio se debe a sí mismo. En todos los ámbitos y en la esencia de su filosofía, que es la razón de ser de su poder. Nadie se puede sorprender de nada.

Y sin embargo, las quejas afloraron enseguida entre algunos de los políticos entrevistados. Que si los jueces no tuvieron interés en entrar en el tema de la cláusula territorial; que si hubo preguntas cargadas, como la de la jueza que quiso saber si el gobierno de Puerto Rico hubiera podido otorgarle a un organismo de supervisión fiscal los mismos poderes que el Congreso le confirió a la Junta; y por último, la frase que lanzó otro juez a los representantes de una asociación de bonistas y una aseguradora: “esto es un asunto de dinero”.

El horario asignado, sagrado. Claro y al grano. Dado lo cual, algunos se lamentaron del poco tiempo que tuvieron para exponer sus respectivos puntos de vista.

A la salida, casi nadie tenía dudas, dada la actitud, el tono, y hasta la expresión facial de los magistrados, de que el Supremo estadounidense va a revocar al Tribunal de Apelaciones de Boston y al juez Torruella, validando a la Junta y la manera en que han sido designados sus miembros, y por supuesto la estrategia que han desarrollado.

Hasta aquí, las impresiones de hoy. Solo faltó el maestro de ceremonias, con chistera y frac, en las escalinatas:

“Amigos míos, aquí no ha pasado nada”.

Ahora bien, ¿y si pasara todo lo contrario, un imprevisto, una explosión, un giro atronador que vaya por donde nadie espera?

¿Si el Supremo decidiera que la Junta es inconstitucional, con lo cual se disuelve irrevocablemente, y sus decisiones quedan convertidas en polvo?

Nadie ha dicho por lo claro qué pasaría al día siguiente. Ni un economista, ni un dirigente político, ni ningún miembro de la Legislatura, ni tampoco los representantes del gobierno que estaban por allí. ¿Qué pasaría? ¿Quién se atreve a contestar?

Sí, ya se ha dicho que se perdería el dinero que se ha invertido en cabilderos y abogados. Pero el dinero que se invirtió no importa, si algo bueno va a traer la revocación de la Ley Promesa. Por ejemplo, ¿las cosas volverían a ser como eran? ¿El gobierno de Wanda Vázquez se haría cargo de las negociaciones que están en marcha y evitaría la desbandada de acreedores rumbo a los tribunales? ¿Se mantendría la moratoria por meses, o años, para que no se radiquen demandas mientras aquí se celebran elecciones y se pretende que nada va a cambiar?

Se le tiene tanto miedo a ese día después, que para muchos no existe. Ya lo dije antes en alguna otra columna: la narrativa llega hasta el punto donde se revoca la ley, se aniquila la Junta y se desintegra el plan fiscal. 

Pasa un mes. Dos. Seis. Nadie toca a la puerta para decirnos que debemos pagar. ¿Es esa la esperanza real?

No sé, pero el patético desfile a la salida de la audiencia, donde se consolaban unos a los otros diciendo que ahora irían al Congreso, da una idea del daño que nos han hecho las visitas a Disney.


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