Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Wanda Vázquez hablándole a la pared

Unos días después del huracán María, el entonces gobernador, Ricardo Rosselló, despachó a una de sus principales jefas de agencia, Wanda Vázquez, a Patillas. 

Fue menos de un mes después del desastre. Vázquez no fue tan lejos a ver qué necesidades tenía Patillas, cuyo alcalde pertenece a un partido distinto al del gobierno. Toda una secretaria de Justicia, con la abundancia de trabajo crítico que había en aquellos días nefastos, fue a Patillas a hacer algo que hubiera podido hacer cualquier funcionario: verificar denuncias de que el municipio había manejado mal algunas cajas de suministros. 

El verdadero propósito de la visita se vio en las redes sociales: fue un operativo político contra un alcalde de pueblo pequeño de la oposición. Aquel incidente desnudó, como pocos otros hasta entonces, la naturaleza más ruin de aquel gobierno: a días del mayor desastre natural de nuestra historia, en medio de una crisis humanitaria de proporciones apocalípticas y cuando miles morían por falta de atenciones, había energía, recursos y tiempo para operativos políticos. 

Menos de dos años después de María, Ricardo Rosselló cayó y en un salto mortal del destino que dejó a medio país mareado, se convirtió en gobernadora la misma funcionaria que se prestó para la pantomima en Patillas. Es, de paso, la misma funcionaria que no encontró ninguna irregularidad en múltiples denuncias de mal manejo de suministros tras María. 

Llegó otra desgracia con los terremotos que afectaron mayormente a seis municipios de las zonas sur y central. Al menos 20,000 personas están fuera de sus casas. Han vivido gracias a la solidaridad puertorriqueña, que en estos casos nunca falta. Mientras, se supo el fin de semana que el gobierno mantiene varios almacenes con ayuda que no se ha repartido. 

En una escena que habíamos visto antes en muchos países en crisis, pero nunca en Puerto Rico, y que ilustra cuán profunda es la crisis de gobernabilidad que vivimos, ciudadanos privados tomaron el almacén y repartieron los suministros. 

La gobernadora entendió el lío en que estaba metida con esto. En dos días, despidió a los tres funcionarios con más injerencia en el manejo de la crisis: los jefes de Manejo de Emergencias, Familia y Vivienda. Quería apagar el fuego. Dijo que los botó porque no le dijeron de los suministros. Quiso cantarse ajena a lo que pasa en su propio gobierno y hacer suya la ardiente indignación del país con esto y que ha traído palpitaciones bien parecidas a las que en verano pasado le costaron el puesto a su antecesor. 

Está hablando a la pared. 

Nadie le cree. Por razones algunas que no tienen que ver con ella, pero por otras que sí le incumben.  Primero, porque llevamos demasiado tiempo viviendo abusos de parte de las autoridades. Hay una rabia acumulada que dejó salir algo de vapor en el verano, pero que sigue latiendo. 

La corrupción, el nepotismo, el favoritismo, la indolencia, lo difícil de la vida en Puerto Rico, tienen harta, y exacerbada, a la población. Ese problema, que  lleva tiempo fermentándose, ha hecho crisis en estos días. De ahí, en términos generales, vienen los problemas de Wanda Vázquez. 

Pero hay más. Hay razones que se refieren específicamente a ella.  

La primera: ¿será Vázquez la última persona aquí que  se enteró de que Carlos Acevedo, el despedido director de Manejo de Emergencias, es un perfecto incompetente? ¿Tuvo que pasar lo del fin de semana para que viera que la despedida secretaria de la Familia, Glorimar Andújar, una abogada  sin experiencia en ese campo, carecía de las aptitudes para el puesto? Sobre Fernando Gil, exsecretario de Vivienda, falta saber por qué lo botó. 

 Nadie le cree la indignación a Vázquez, que era ella miembro entusiasta del “Team Rosselló” y, como quedó demostrado en Patillas, se prestaba con gusto para algunas de las faenas menos presentables de aquella gente. Nadie le cree porque, salvo el exsecretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, todo el equipo de manejo de  desastres era el mismo que se enfrentó a María con el resultado desastroso que el país todavía llora. 

En los cinco meses que lleva en el cargo, Vázquez no hizo ningún aguaje de cambiar ese equipo que tanto dolor causó. En este momento, en que la buena voluntad que generó en sus primeros meses la hizo querer postularse para seguir, la insensatez que la hizo dejar a toda esa gente en sus puestos le está costando demasiado. 

En la primera crisis que enfrenta Vázquez, escaparon en estampida innumerables dudas sobre su capacidad para gobernar. Si a un niño se le da un carro a guiar, en recta plana puede parecer que sabe. Es cuando llegan las curvas, las cuestas y los aguaceros que la cosa se complica. Eso le pasó a Vázquez. Mientras se trataba solo de dar algunas señales de que era diferente a Rosselló, no le iba del todo mal. Cuando tuvo que gobernar de verdad, se vio lo que para nadie debió ser nunca un secreto: estamos todavía en el cuatrienio de Ricardo Rosselló y todo esto que estamos viendo, incluyendo a Wanda Vázquez, es su obra.

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