Fernando Cabanillas
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Nuestro foco de COVID-19: el aeropuerto

En la madrugada del 27 de junio, desde mi apartamento, diviso un barco iluminado desde la proa hasta la popa, sin duda un crucero, entrando pausadamente a la bahía de San Juan. No puede ser, me digo. Inmediatamente se me dispara la mente buscando explicaciones. ¿Será que viene a dejar algún pasajero o tripulante en busca de ayuda médica, o la embarcación tiene algún problema mecánico? En el peor de los casos, ¿será que han reanudado los viajes de cruceros a Puerto Rico?

Esto me recordó el supuesto primer caso de COVID-19 que vino importado en un crucero el 8 de marzo. Digo supuesto, porque el 2 de marzo ya yo había diagnosticado clínicamente el primer caso, un paciente al que Salud se negó a hacerle la prueba durante una semana. El “error” fue que eventualmente se la hicieron y dio positiva. Digo que fue un “error”, porque si no se la hubiesen practicado a él y a nadie más, no tendríamos una epidemia en la isla. Al menos esa es la estrategia que persigue el presidente Trump para combatir la pandemia. ¿Cómo es posible que a nadie se le hubiera ocurrido una idea tan genial pero tan simple como no hacer las pruebas para así invisibilizar la enfermedad?

Ahora en serio: todos reconocemos que en Puerto Rico la epidemia de COVID-19 está bastante bien controlada, pero sabemos que han ocurrido algunos brotes esporádicos en algunos pueblos como Ciales, Canóvanas y Guayanilla. El origen de estos brotes está en personas que viajaron desde Estados Unidos para visitar familiares. El Departamento de Salud ha rastreado sus contactos y parece haber tenido éxito en evitar la diseminación a otras regiones. No obstante, esto trae la preocupación de que ocurran nuevos brotes en una escala mayor, especialmente con la exacerbación de la epidemia en Florida y Texas, donde reside gran cantidad de puertorriqueños. Es normal que nos visiten y algunos lleguen infectados. ¿Qué opciones tenemos para evitar esto?

Las alternativas son esencialmente cuatro: 1- requerir que todo pasajero se haga la prueba molecular no más de 72 horas antes de viajar a Puerto Rico, tal como hacen en Hawái y Alaska. 2- que se hagan la prueba rápida serológica antes de salir de viaje. 3- que se hagan la prueba rápida serológica cuando lleguen al aeropuerto en San Juan. 4- que firmen un acuerdo antes de partir de viaje, estipulando que cuando lleguen a la Isla entrarán en cuarentena hasta que se hagan la prueba molecular en un laboratorio local. Cada una de estas opciones presenta ventajas, pero también desventajas, algunas muy serias.

En cuanto a la primera opción de hacer la prueba molecular antes de venir a Puerto Rico, puede ser problemático si el viajero proviene de una ciudad donde la epidemia está descontrolada y por ende hay una gran demanda de pruebas diagnósticas. Conozco de una persona en Orlando que tuvo que esperar seis horas y media en una fila de automóviles para que le hicieran esta prueba. Luego tardaron siete días en notificarle los resultados. Por tanto, esta opción no es ni práctica ni viable en algunas ciudades.

La prueba molecular es más confiable en el sentido de que tiene pocos falsos positivos, pero hasta un 30% de falsos negativos. Sin embargo, muchos de estos falsos negativos son debido a que la persona está enferma, pero el virus ya desapareció de la garganta, lo cual significa que el paciente ya no es capaz de contagiar a otros y eso es lo que en realidad nos interesa. No obstante, si se toma la muestra muy temprano después del contagio o no se toma correctamente, puede también dar un falso negativo y unos días después la persona puede tener el virus en la garganta o nariz, contagiando a otros.

La segunda opción, hacer la prueba rápida serológica antes de salir de viaje debe ser más factible, aun en ciudades donde la epidemia está descontrolada, ya que es una prueba más sencilla y el resultado se consigue rápidamente. En vez de esperar a que aterricen en San Juan, los viajeros se pueden hacer esta prueba en Estados Unidos. Los resultados de las pruebas rápidas pueden ser relativamente confiables. En nuestra experiencia con 98 casos, el valor predictivo de un resultado negativo es 90%, lo cual no está mal como método de cernimiento, ya que se nos escaparían solo 10 de cada 100 pacientes infectados.

La tercera opción es problemática porque el director de la Guardia Nacional nos dice que no tiene suficientes recursos para hacerle esta prueba a todos los pasajeros. Esta falta de recursos representa un problema ya que, si los viajeros no pueden conseguir que les hagan una prueba molecular antes de partir, entonces miles terminarán en nuestro aeropuerto exigiendo una prueba serológica.

La última opción es no exigirles ninguna prueba, pero pedir a los pasajeros que firmen un acuerdo aceptando que, al llegar a Puerto Rico, entrarán en cuarentena hasta que se hagan la prueba molecular. El problema es la supervisión de esa cuarentena. Una posibilidad es fiscalizar los sujetos al azar, multando enérgicamente a los infractores.

La gobernadora eligió la primera opción, pero dejó abierta la puerta para aquellos que viajen sin una prueba molecular, poder hacerse la serológica en el aeropuerto. Lo que no tiene sentido es que, si diera negativa dicha prueba, el viajero se supone que entre en cuarentena. ¿Cuál es la idea de hacer la prueba entonces? Esto indica falta de confianza en un resultado serológico negativo. Falsos negativos ocurren en 10%, pero la prueba molecular en nuestra experiencia tiene un 6% de falsos negativos y en niños esta prueba es difícil de hacer y por tanto los resultados son menos confiables.

Trump pasará a la historia como el presidente anticiencia, antivacunas y antipruebas. Todavía insiste en disminuir el número de pruebas para COVID-19 y lo que falta es que prohíba las pruebas de embarazo en Estados Unidos. Fabuloso… así ninguna mujer tendrá que preocuparse por quedar encinta. La lógica es sólida: cero pruebas, cero embarazos.

En cuanto al barco, todavía estoy preguntándome si era un buque fantasma, o si lo recibieron en el puerto y por qué razón… pero les aseguro que no fue una alucinación. Mi esposa también lo avistó.

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