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A defender los pilares de una sociedad justa y de paz

Cumplido un año de la intentona golpista en Estados Unidos que dejó al mundo atónito, es prudente atender las señales de amenaza que aún enfrenta la nación, acentuadas este jueves por el presidente Joe Biden. Conocer las causas y trabajar para superarlas son procesos necesarios para proteger nuestro sistema democrático, tanto en el territorio continental como en Puerto Rico.

El fracasado ataque al Capitolio federal pretendió mantener en el poder por la fuerza al expresidente derrotado por el voto mayoritario. El atentado contra la transición pacífica del poder presidencial cobró cinco vidas; dejó a 140 policías heridos. Expertos analistas e historiadores advierten que aquel movimiento que pretende imponerse por medio de la violencia gana tracción camino a las elecciones congresionales de noviembre próximo. Urge que la sociedad estadounidense encuentre avenidas de diálogo y respeto, cerrándole el paso a más polarización, enfrentamientos y agresión.

Tal es la amenaza que se cierne sobre la nación y su sistema democrático, que el presidente Biden advirtió el jueves de los riesgos de que colapse. El expresidente Jimmy Carter dijo que Estados Unidos se tambalea en el borde de un abismo cada vez mayor. En diciembre, exgenerales retirados del Ejército advirtieron que las Fuerzas Armadas deben prepararse ante la posibilidad de un golpe de estado en 2024.

Investigaciones federales, periodísticas y congresionales confirman que el atentado insurreccionista ocurrido en Washington DC en enero de 2020 dista de ser la reacción espontánea de una horda enardecida. Hay evidencia de que hubo planificación, ideada y coordinada por grupos de la extrema supremacista, el fundamentalismo nacionalista y figuras que ocupaban el más alto nivel en la Casa Blanca.

Aquellos actos repudiables constituyeron una escalada en una tendencia que hacía años asomaba peligrosa. Los avivaron factores inherentes a la historia estadounidense pendientes de superar. Algunos de esos elementos, como el racismo, la inequidad y los prejuicios múltiples fueron utilizados los pasados años por una facción adepta a la autocracia al punto de azuzar una ideología extrema negacionista.

La semilla tóxica de la violencia ideológica que contamina a la sociedad estadounidense se nutre de la corrupción y el menosprecio a los valores éticos y democráticos por parte de elementos inclinados al autoritarismo. Pero también crece al amparo de la subestimación y la indiferencia de quienes dan por sentado que nuestra forma democrática de vida es inalterable y resistente a cualquier amenaza externa o interna.

El intento de subvertir el orden constitucional en Estados Unidos demostró que la democracia requiere esfuerzo constante. También conlleva valor, como demostraron tantos funcionarios electorales y oficiales en el Capitolio y aún antes, frente a los intentos del gobierno saliente y partidarios por invalidar los resultados electorales.

Lo ocurrido en Estados Unidos encuentra reflejos en Puerto Rico, donde la intolerancia hace intentos por sembrar semillas divisionistas. Corresponde entender que la democracia es un bien común posibilitador de paz y que toca a todos proteger a diario.

También, las institucionalidades de gobierno y el liderato político tienen la responsabilidad de salvaguardar la credibilidad y pureza del sistema electoral. Dicha institución en Estados Unidos está expuesta al sabotaje de leyes aprobadas por estados para reprimir el derecho de ciudadanos a votar o para revocar la voluntad expresa de la mayoría en las urnas. Igualmente, están latentes aquí las amenazas al sistema de votación, lacerado por una ley electoral impuesta en un proceso atropellado que amerita derogación o enmiendas y, por tanto, la voluntad decidida de la Asamblea Legislativa.

Valorar el pluralismo y el pensamiento crítico son actitudes indispensables para mitigar los vientos de tempestad pronosticados y prevenir que alcancen a Puerto Rico. Recae sobre cada habitante de esta isla y la nación sobreponerse al fanatismo que descarta al otro, niega la realidad y normaliza la violencia.

Al recordar esta semana tan lastimoso evento en la historia de Estados Unidos, y por el futuro de nuestro sistema democrático, avivemos la voluntad de trabajar en unidad para lograr que a todas las personas les cobije por igual el derecho a disfrutar de la vida, la justicia y las libertades en una sociedad de respeto y paz.

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