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Acción urgente para mejorar los abastos de agua potable

Las interrupciones del servicio de agua que desde el 13 de junio sufren 8,000 abonados en Río Grande y otros pueblos, y el racionamiento contemplado para 180,000 clientes de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados en la zona metropolitana, obligan en lo inmediato al uso prudente del recurso cuyos abastos han mermado en Puerto Rico por las recurrentes deficiencias del sistema, el consumo elevado, la escasez de lluvia y las altas temperaturas.

Sin embargo, promover el adecuado almacenamiento, tratamiento y suministro de agua tiene que ocupar un lugar prominente en la agenda para el mejoramiento de la infraestructura de la AAA. La urgencia es mayor ahora, cuando el aseo con agua y jabón es esencial para poner a raya a la pandemia del COVID-19. Resulta inaudito que en un país de abundantes lluvias, el agua se escurra de manera inexcusable por el atraso y la inacción de la Autoridad en el cumplimiento de sus deberes.

A dos años y nueve meses del impacto del huracán María, los trámites para el mejoramiento de los embalses van a paso lento. A corto plazo no se vislumbra el inicio de proyectos de dragado, indispensables para evitar engorrosos periodos de racionamiento como el previsto desde este viernes para quienes reciben agua del embalse Carraízo, cuyo nivel se aproxima al punto crítico de 37.20 metros.

Tras el golpe ciclónico de 2017, peritos estimaron que la sedimentación promedio de los embalses subió a 20%. Sin embargo, Carraízo, esencial para gran parte del suministro de agua en la zona metro, ha perdido hasta un 45% de su capacidad de almacenamiento. La isla registró records de precipitación en enero y febrero. Pero la limitada capacidad de los embalses expone a porciones sustanciales de la población a interrupciones del servicio en medio de la amenaza del COVID-19. El agua es vital para el aseo preventivo contra el contagio de esa enfermedad de potencial letal.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias tiene previsto aprobar pronto fondos millonarios para el dragado de Carraízo, La Plata y Caonillas, según informó la AAA. Pero la disponibilidad de recursos no se traducirá en el mejoramiento inmediato de esos embalses.

Por ello, será crucial que las autoridades estatales y federales completen con celeridad las fases que condicionan el inicio de la remoción de sedimento, para lograr la recuperación de esos lagos. Los citados embalses suplen agua a la región más densamente poblada de la isla. Dos ubican próximos a San Juan y el tercero, en Utuado, abastece el Superacueducto que lleva el líquido a la región norte y complementa la demanda de la zona metropolitana.

Iniciar los dragados implica completar un proceso de licitación en el que empresas especializadas presentan sus propuestas de servicio al gobierno. Una vez se complete la subasta que adjudica la contratación, median permisos como la autorización del Cuerpo de Ingenieros y la validación de una declaración de impacto ambiental. Es preciso que estos trámites sean agilizados para encaminar las obras a la mayor brevedad.

La protección de los abastos es también responsabilidad ciudadana. El consumo prudente y la instalación de mecanismos para aprovechar la precipitación, y otros sugeridos por el programa WaterSense de la Agencia Federal de Protección Ambiental, reducen el uso desproporcionado del agua.

Al mismo tiempo, la tarea gubernamental no puede quedar postergada. Esta incluye la reparación abarcadora de averías y la sustitución de líneas deficientes que ocasionan la pérdida de hasta el 60% de la producción diaria, según ha reconocido la AAA ante la Junta de Supervisión Fiscal.

Las rutas principales para estabilizar el almacenamiento y suministro de agua en Puerto Rico están trazadas. Conllevan impulsar con rapidez los proyectos para rehabilitar los embalses, reforestar las cuencas en las que los ciclones talaron millones de árboles y estimular el uso doméstico e industrial eficiente del agua. La integración de todas las iniciativas debe preparar las bases para un país con abastos más seguros y sin propensión frecuente a racionamientos del líquido vital.