No es exagerado decir que una de las mayores injusticias en la historia del Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas se cometió contra el boricua Carlos Delgado cuando, en 2015, su primer año de elegibilidad, no obtuvo siquiera el 5% de votos necesarios para mantenerse en la papeleta y lograr, eventualmente, la mayor gesta individual con la que puede soñar un pelotero profesional.
Un jugador con la plétora de atributos -deportivos y cívicos- de Delgado merece mejor suerte. Se entiende a quienes no crean que tuvo una carrera del nivel del Salón de la Fama; no es posible entender que no se le haya dado la oportunidad de plantear su caso por más de un año.
El próximo domingo, 17 miembros del Comité de la Era Contemporánea del Béisbol del Salón de la Fama se reúnen para examinar las candidaturas de ocho jugadores que no llegaron por otras vías al Salón de la Fama, entre estos Delgado. Entran los que obtengan más del 75% de los votos.
Invitamos al Comité a corregir la enorme injusticia que los periodistas de béisbol cometieron contra Delgado y a elegirlo, como se merece por su desempeño, al Salón de la Fama, donde estaría junto a otros cinco inmortales puertorriqueños: Roberto Clemente, Roberto Alomar, Iván Rodríguez, Edgar Martínez y Orlando “Peruchín” Cepeda.
Los números respaldan la candidatura. Delgado jugó 17 temporadas, durante las cuales disparó 473 cuadrangulares, empujó 1,512 carreras y tuvo promedio de bateo de .280. Esos son números del Salón de la Fama. Sin embargo, la mejor medida de la capacidad ofensiva de un pelotero la da la estadística conocida como “OPS (on-base percentage plus slugging)”, que es una combinación de todas las estadísticas ofensivas.
Delgado tuvo un OPS de por vida de .929, el cual sería el 37 mejor entre los 308 miembros del Salón de la Fama. Sus 473 jonrones serían el número 25. Fue, además, un modelo de consistencia. En las diez temporadas entre 1997 y 2008, disparó más de 30 jonrones y empujó más de 100 carreras en cada una, salvo en 2004, cuando se quedó a solo ley de una.
No toda su historia se cuenta en números. Sabemos, igual, que ha sido siempre un ciudadano ejemplar, colaborador de las mejores causas, que ha asistido a innumerables comunidades y personas con su Fundación Extrabases.
Hay argumentos también en contra. Delgado no fue un defensor excepcional. No llegó a 500 jonrones (se lesionó el año en que debió lograrlo), ni jugó nunca en una Serie Mundial, lo cual no es culpa, sino de los equipos en que estaba.No ganó nunca un premio de Jugador Más Valioso, pero cuatro veces estuvo entre los primeros diez, incluyendo el 2003, cuando sólo le ganó Álex Rodríguez, quien, según su propia admisión, consumía sustancias para mejorar el rendimiento, una práctica rampante en esa época con la cual Delgado nunca fue vinculado.
Ha sobrevolado la sospecha de que Delgado fue castigado porque en 2004, cuando tocaban la canción ‘God Bless America’ en los juegos, se mantenía en la banca en protesta por la guerra en Irak. De ser ese el caso, sería muy triste que se le penalice por algo que, bien mirado, debía ser motivo de elogio, pues se trata de un atleta usando la dimensión pública de su figura para condenar la guerra.
En resumen, las estadísticas, la consistencia y la conducta cívica ejemplar, cumplen y superan todos los requisitos que hacen a Carlos Juan Delgado Hernández un hall-of-famer en todo derecho. Es hora, pues, de corregir la gran injusticia del 2015 y hacerle a este gran pelotero y persona el honor que siempre mereció, convirtiéndolo en miembro del Salón de la Fama.

