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Con Sergio Ramírez y contra la represión en Nicaragua

El más reciente atropello del régimen dictatorial de Daniel Ortega, dirigido contra Sergio Ramírez, referente cultural de Hispanoamérica y de las letras hispanas, y luchador político de amplia trayectoria y probada integridad, ha provocado la indignación internacional y una ola de solidaridad con el escritor, sobre quien pesa una orden de arresto.

No ha podido llegar más lejos el sátrapa que hoy gobierna Nicaragua en su afán por reprimir las voces de los opositores a su régimen, la mayoría de los cuales, o bien han tenido que salir al exilio, o bien permanecen ocultos, esperando que, en cualquier momento, de la manera más violenta, los arresten y conduzcan a las cárceles donde ya se amontona medio centenar de presos políticos.

Sergio Ramírez, que hasta el presente y pese a las amenazas que le lanzaban directa o indirectamente desde la esfera gubernamental, había hecho firme su propósito de permanecer en Nicaragua, fue sorprendido por la orden de arresto en su contra cuando se hallaba fuera del país, recibiendo tratamiento médico.

A sus 79 años debe enfrentar lo que, según sus propias palabras, es “la peor circunstancia que alguien puede atravesar, que es el exilio… Saber que uno no puede volver a su país, que tiene las puertas cerradas de la mano de una dictadura enemiga de los libros”.

Y es que el oscuro binomio que forman el presidente Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo —conocida por sus extravagancias esotéricas y sus exabruptos—, ha convertido al país, no solo en un agujero de profunda miseria cultural y material, sino en un embarazoso fenómeno para las izquierdas latinoamericanas y europeas, que ya parecen haber tirado la toalla respecto a lo que fue, en la década de 1970, un esperanzador proceso de liberación.

El propio Sergio Ramírez, quien llegó a ocupar la vicepresidencia del gobierno sandinista entre 1979 y 1990, participó desde mucho antes en la lucha contra el dictador Anastasio Somoza, y pasó toda su juventud jugándose la vida por el mismo pueblo que hoy sufre las brutales embestidas de Daniel Ortega, quien ha ido sumiendo a Nicaragua en un desierto de ideas, donde abundan las intervenciones policiales en los medios de comunicación y los allanamientos, especialmente a los periódicos.

Una nueva novela de Sergio Ramírez parece haber sido el detonante de la ira del matrimonio que ejerce el poder en Nicaragua. Pero es evidente que se habrían valido de cualquier otra excusa para decretar su encarcelamiento y, de este modo, impedirle que regrese a la tierra en la que ostenta un bien ganado prestigio. Los ejemplares de la novela en cuestión se hallan actualmente secuestrados en la aduana de Nicaragua, lo que equivale a decir que los nicaragüenses no podrán leerla, o tendrán que hacerlo de forma clandestina.

Al hilo de su brillante carrera en el género de la ficción, Sergio Ramírez es un sagaz columnista que ha mantenido una línea consecuente con el ejercicio de la democracia y en contra de cualquier tipo de censura o represión. El Nuevo Día se honra en publicar regularmente sus escritos.

Mientras la opinión pública estaba pendiente de los acontecimientos en Afganistán y los estragos de la pandemia, la situación en Nicaragua se volvía cada vez más desesperada, al punto que hoy se desata un éxodo de nicaragüenses que no se había visto en décadas y que una vez más desestabiliza la región.

Sin proponérselo, con su actitud serena ante la adversidad, el escritor Sergio Ramírez ha dado el puntillazo moral a un régimen que se desmorona. El aislamiento de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha sido prácticamente decretado por varios gobiernos e instituciones de gran prestigio alrededor del mundo.

El pueblo de Nicaragua merece un porvenir mejor.

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