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Dar gracias y hacer justicia a mujeres víctimas de violencia

La alegación de culpabilidad del exalcalde de Guaynabo, Héctor O’Neill, por actos de violencia de género y hostigamiento sexual, es una lección para todos aquellos que aún ejercen el poder como una herramienta con la que controlan y abusan de las mujeres, lo cual, en este día de No Violencia Contra la Mujer, que oportunamente coincide con la jornada de Acción de Gracias, es un motivo para agradecer por la justicia.

El reconocimiento de los delitos es parte de un preacuerdo al que ha llegado O’Neill ante el Tribunal de Bayamón, después que renunció a un juicio por jurado, y de que previamente se hayan desestimado algunos cargos. Sin embargo, es reconfortante saber que cada vez hay menos impunidad en los delitos relacionados con el abuso y la violencia de género.

A pesar de que fue una figura influyente en la política, con un poder casi omnímodo sobre el Municipio de Guaynabo, y de que contó con una gran red de apoyo entre legisladores, alcaldes y funcionarios del gobierno central, O’Neill no solo tendrá que responder por sus actos, sino que quedará privado de ostentar ningún cargo público.

Es posible que todavía queden cabos sueltos en este caso. Un hostigador en el lugar de trabajo, una persona que ejerce violencia de género contra sus subordinadas, suele contar con una red de apoyo, o al menos con colaboradores que miran para otro lado. Este sin duda fue el caso del exalcalde de Guaynabo. Y hay que recordar que, en algunas circunstancias, la intimidación no solo la sufre la víctima directa, sino todo un entorno que teme las represalias.

Adviene en una doble oportunidad de reflexión el hecho de que simultáneamente celebremos el Día de Acción de Gracias y el de No Violencia Contra la Mujer, instituido por la Organización de las Naciones Unidas en homenaje a tres valerosas dominicanas, las hermanas Minerva, María Teresa y Patria Belaval, asesinadas hace hoy 61 años por órdenes del dictador Rafael Leonidas Trujillo.

Las hermanas Mirabal perdieron la vida por su militancia política, pero también por atreverse a enfrentar un régimen patriarcal, a militares y funcionarios que renegaban de los derechos de las mujeres. En muchos casos, todavía reniegan.

Puerto Rico aún está lejos de proclamar la igualdad. No se han superado las frecuentes agresiones, muchas de ellas fatales, por causa del machismo que todo lo contamina. Según el Observatorio de Equidad de Género, en nuestra isla han ocurrido alrededor de 47 feminicidios en lo que va de año, la mitad de los cuales aún se halla bajo investigación.

La violencia secundaria, que es el trauma que provocan estos asesinatos en los menores que se quedan huérfanos, y que a veces son testigos presenciales del delito, es otro lastre de dolor y vergüenza para la sociedad en que vivimos.

A través de los años, en un día tan señalado como el de hoy, hemos pedido que se haga énfasis en la reflexión y el balance que se necesita para enfrentar a continuación otro fin de año, y el comienzo de uno nuevo. Si a eso se añade que la fiesta en familia cae un 25 de noviembre, como en este caso, la jornada es ideal para crear conciencia de la necesidad de educar en igualdad de géneros, partiendo del seno familiar. Es hora de inculcar a los niños, que hoy en su mayoría ven a mujeres de la casa encargarse de la mesa, que el respeto debe ser recíproco más allá de las actividades y los roles que cada cual asuma en libertad, no por imposición.

Este es un día especial para seguir cuidándonos de las pandemias. De la del COVID-19, que no se acaba de extinguir, y la de la violencia, que en cualquiera de sus manifestaciones pone en peligro la solidaridad, la gran protagonista de este jueves.

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