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El valor universal de nuestro Roberto Clemente

Reconocer la vida ejemplar del astro puertorriqueño Roberto Clemente Walker representa una valiosa oportunidad para emular valores universales que pueden ayudarnos a sobrellevar con éxito los grandes desafíos del momento.

El legado extraordinario del pelotero carolinense cobra importancia perenne porque encarnó máximas virtudes en el escenario deportivo, sobre todo por la aportación trascendental de su gesta humanitaria.

Al cumplirse casi medio siglo de su trágica muerte, es motivo de inmenso orgullo para Puerto Rico que su extraordinaria contribución deportiva sea altamente respetada por los profesionales en el béisbol mundial y que, a la vez, represente inspiración para las nuevas generaciones de atletas. Así quedó constatado de manera elocuente durante el Día de Roberto Clemente Walker, el pasado miércoles, 9 de septiembre.

Resulta igualmente significativo que su liderazgo para ayudar a los más necesitados marque la ruta que asumen con gallardía numerosos deportistas, empresarios y artistas, sobre todo ciudadanos comunes que son héroes anónimos comprometidos con labores filantrópicas de magnitud diversa.

En esas iniciativas humanitarias se destacan, además del suministro de ayudas materiales, los esfuerzos educativos dirigidos a niños de comunidades pobres y marginadas en Puerto Rico, Latinoamérica y Estados Unidos. Las labores incluyen centros de entrenamiento y de educación física vinculados a la semilla germinada por Clemente en los fundamentos de su Ciudad Deportiva.

Los frutos de esas contribuciones, que incluyen la educación de miles de niños, se traducen en oportunidades invaluables que forjan a individuos que aportan de forma positiva a sus comunidades. Por eso la herencia de Clemente Walker cala en distintas generaciones, más allá de aquellos que le conocieron personalmente y de los millones de personas que admiraron en los parques su alto desempeño en las Grandes Ligas.

Las hazañas deportivas le valieron al astro boricua los más altos galardones, incluidos 12 guantes de oro, cuatro títulos de bateo, dos anillos de campeón de series mundiales y la participación en 15 juegos de estrellas. Las nuevas generaciones que se interesan con avidez por el legado de este gran deportista tienen la oportunidad de reflexionar sobre los retos que a mediados del siglo pasado representaron para un joven negro y latino incursionar, por primera vez, en espacios de alto prestigio en la sociedad estadounidense. Su paso exitoso refleja el resultado de la perseverancia, la disciplina y la ética.

Los esfuerzos de quienes hoy emulan el desprendimiento del apreciado jardinero de los Piratas de Pittsburgh para contribuir a mejorar la calidad de vida de miles de personas en Puerto Rico y el mundo son la gran cosecha de un puertorriqueño que sigue vivo en nuestros corazones.

Por ello, justo cuando en la isla es imperiosa la solidaridad ciudadana como escudo contra la pandemia del COVID-19, la figura inmortal de Clemente Walker debe servir como modelo para procurar mayor colaboración entre todos en nuestras comunidades.

Emular la trayectoria del legendario atleta del número 21 debe motivar a ayudar a los adultos mayores que viven solos en condiciones de pobreza extrema. Y debe estimular a asistir a los niños y jóvenes impactados por limitaciones educativas que potencian la deserción y los exponen más fácilmente a la delincuencia.

En tal sentido, rehabilitar canchas y parques abandonados en sectores citadinos y las ruralías puede representar una forma práctica de honrar el legado de Clemente Walker, abriendo espacios de mejor calidad de vida para las comunidades.

Las grandes contribuciones de nuestros líderes modelos deben traducirse en acciones y proyectos que aporten al desarrollo del país, en especial de las poblaciones más jóvenes. En Puerto Rico, la vigencia de la gran contribución deportiva y humanitaria de Roberto Clemente Walker constituye una brújula bien calibrada que aporta al esfuerzo de edificar un mejor porvenir para todos.