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Es deber colectivo frenar el contagio comunitario

Con la extensión de las restricciones a mucha de la actividad social y económica en Puerto Rico para enfrentar la pandemia del COVID-19, el gobierno ha enviado un mensaje claro: la propagación del virus en la isla ocurre a nivel comunitario y está en manos de todos cumplir con el uso de mascarillas y el distanciamiento físico para detenerlo.

Según los epidemiólogos, la tasa de positividad en la isla está por encima del 5% por ciento, medida que las autoridades sanitarias internacionales consideran como indicador para adoptar o flexibilizar las restricciones para prevenir escaladas. Con datos aún pendientes para descifrar el nivel real de los contagios en la isla, pero con una medida aún razonable de hospitalizaciones -un promedio acumulado de 500 por día-, la decisión de la gobernadora ofrece un balance entre la cautela sanitaria y evitar nuevos cierres lastimosos para la economía.

La nueva cepa del coronavirus ha impuesto a la isla, como al resto del mundo, el desafío de adaptarnos a convivir con el virus sin contraerlo y sin perjudicar aún más la maltrecha economía.

Las acciones que esa realidad exige a los ciudadanos son simples. La primera, usar mascarillas en todo momento para cubrir la boca y la nariz, ha sido descrita como una de las armas más poderosas en la lucha contra el coronavirus por el director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, Robert Redfield. Bajo la orden ejecutiva, quienes incumplan con el mandato se exponen ahora a ser procesados judicialmente. Esa medida, que debe ir a la par con mantener distancia de seis pies o más de otras personas y lavarse las manos con agua y jabón de manera frecuente, no conlleva grandes esfuerzos, sobre todo si se considera el potencial letal del virus. Por lo tanto, el primer y más importante frente de prevención lo constituye cada persona.

De los datos provistos por el gobierno ayer, se indica que ha habido una reducción de turistas a la isla, en comparación con un flujo notable de puertorriqueños hacia y desde Puerto Rico. De ahí que los portavoces del gobierno han hecho un llamado a limitar los viajes al exterior a lo estrictamente necesario. En particular, se ha convocado a pedir a los familiares en el exterior que desistan de venir de visita durante esta emergencia. El llamado resulta prudente si se considera el descontrol en los contagios del coronavirus en Estados Unidos, que ya ha cobrado más de 150,000 vidas.

Temprano ayer, el secretario de Salud, Lorenzo González, había dirigido la atención hacia la población de jóvenes entre 20 y 29 años quienes, al mantenerse socialmente activos, están más expuestos a contraer el virus, aunque muchas veces sin enfermarse, lo que puede provocar el contagio de adultos mayores de 50 años que tienen mayores probabilidades de enfermar. La población mayor de 50 años constituye el grupo con mayor pérdida de vidas por el COVID-19 en la isla, añadió. Todos tienen sobre sus hombros el deber patriótico de protegerse y contribuir a la salud pública.

Hasta el viernes, el COVID-19 había causado la muerte a 219 personas en la isla, mientras 488 estaban hospitalizadas y se han reportado casi 6,000 casos confirmados.

Por otro lado, el gobierno ha emplazado a los patronos a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los empleados e informar al Departamento de Salud de casos sospechosos o confirmados entre sus grupos de trabajo como forma de cuidar de la salud de trabajadores y clientes. La acción prudente y responsable puede mantener activa la economía de forma sostenida.

A cuatro meses y medio de decretada la emergencia salubrista en la isla, el esfuerzo colectivo ha logrado evitar la crisis o el colapso del sistema hospitalario que se ha visto en países como Italia o España o en estados como Nueva York. Mientras no exista vacuna ni tratamiento para el virus la amenaza continuará. Depende de cada ciudadano, patrono, empleado, comercio y del propio gobierno hacer lo que corresponde para proteger vidas y empleos en los meses venideros.