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Esfuerzo unido para romper la cadena de contagios

A Puerto Rico le urge intensificar sus estrategias de defensa contra la pandemia del COVID-19 mediante mayores niveles de prevención multisectorial, mientras las autoridades ponen fin a la incertidumbre sobre la administración de las pruebas y los escollos que impiden el rastreo adecuado de los contactos de personas contagiadas.

Hasta ayer, el Departamento de Salud había informado un total de 728 decesos a causa del virus en la isla: 548 confirmados y 180 probables. El total de contagios confirmados era 26,558 y de probables 26,806.

La preocupación crece con la constatación de brotes o rebrotes en todas las regiones, especialmente en las de Arecibo y Bayamón, con hasta 30 focos de contacto.

El Departamento de Salud calcula que la mayoría de los brotes al presente tiene origen familiar. Otros han ocurrido en espacios laborales o mixtos. Se atribuyen menos brotes a los viajeros con estancia temporal en la isla.

A siete meses de declarada la emergencia de la pandemia en Puerto Rico, es medular la cooperación ciudadana en aspectos clave como el uso de mascarillas, apartarse de actividades que propician la aglomeración de personas por encima del límite legal y no bajar la guardia con las medidas sanitarias. Ignorar esas prácticas preventivas propicia brotes y eleva la probabilidad de crear una cadena de contagios que cause muertes u hospitalizaciones. Es necesario que las autoridades desalienten esas prácticas.

Como destacan los especialistas salubristas, urge aplicar el sentido de altruismo comunitario para mantener el uso correcto de las mascarillas, el lavado frecuente de las manos con agua y jabón, así como el distanciamiento social. Es preciso también que todos los sectores colaboren con el Estado brindando los datos actualizados que faciliten el rastreo de contactos. Médicos han expuesto que ciertos ciudadanos ofrecen información incompleta en los formularios requeridos por el Departamento de Salud sobre el registro de casos.

La información sobre pacientes con COVID-19, incluidos los números de teléfono u otros datos que se manejan de forma confidencial, es crucial para fortalecer el sistema de rastreo de contactos.

Los vacíos informativos abonan a la incertidumbre que nutre el avance del virus. Recordemos que aún no existe una vacuna contra el virus, y los tratamientos se mantienen en etapa experimental.

Lo cierto es que, a siete meses de la puesta en vigor del toque de queda y otras medidas de control pandémico, en Puerto Rico el COVID-19 no presenta señales de aplacar.

Mientras tanto, nuevas investigaciones sobre el virus tienden a demostrar un potencial mayor de propagación. Los hallazgos aluden a la propulsión aérea, más allá de los seis pies estimados regularmente, sobre todo en espacios cerrados o mal ventilados, cuando una persona infectada respira, habla, canta o estornuda.

Los estudios han llevado a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos a reincorporar recomendaciones de mayores cautelas debido al riesgo de propagación aérea a más de seis pies de distancia. La entidad salubrista estadounidense insiste en la importancia del uso de la mascarilla para cubrir bien la boca y nariz, así como el lavado frecuente de manos y el distanciamiento como eficaz escudo personal contra el COVID-19.

A siete meses del desafío salubrista y mientras dure la pandemia, la solidaridad comunitaria se impone como estrategia esencial para cerrarle el paso a un virus con el potencial de causar sufrimiento y estragos económicos adicionales. Nuestro país puede vencer esta enfermedad, tomando las medidas cautelares que permitan mantener las necesarias actividades sociales y económicas.

Corresponde a las autoridades sanitarias responder con agilidad ante la identificación de brotes, en atención a la cooperación que se espera también de los sectores privados y de los ciudadanos.

 

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