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Esfuerzos integrales para lograr seguridad playera

En la combinación de esfuerzos gubernamentales, empresariales y familiares podemos encontrar la clave para prevenir los ahogamientos que dejan con el corazón roto a familias locales y extranjeras, y empañan la imagen de las hermosas playas con las que Puerto Rico mercadea sus ofrecimientos turísticos.

La frecuencia de ahogamientos, principalmente en litorales del norte, debe mover a las autoridades a intensificar las medidas de seguridad costera. Igualmente necesario es que las familias y los individuos ejerzan las mayores precauciones. Muy importante es que se abstengan de entrar al agua cuando hay advertencia de corrientes marinas u otras circunstancias peligrosas para los bañistas. Atención especial requieren sobre todo los menores de edad, para lo cual se requiere vigilancia constante de los adultos.

Al mismo tiempo, los sectores turísticos son instrumentales en los esfuerzos para promover la seguridad y la sana recreación costera. Deben unirse organizaciones comunitarias, entre otras entidades sin fines de lucro que incluyen a grupos especializados en la conservación y preservación de los recursos naturales.

De una treintena de ahogamientos anuales en playas y ríos en Puerto Rico, la cifra ha incrementado en periodos recientes. En 2021, el total de estas fatalidades ascendió a 43 y, en febrero de 2022, solo en playas capitalinas se habían registrado 12 ahogamientos.

Cada pérdida consterna y sume en profundo dolor a las familias, y nos desconcierta como país.

Es pertinente establecer una red de salvavidas y vigilantes encargados de prevenir ahogamientos en los balnearios y otras playas frecuentadas por numeroso público. La respuesta inmediata de estos profesionales, tan pronto se alerta de que hay una persona en peligro en el agua, es determinante para un rescate exitoso.

Estudios realizados en Estados Unidos reflejan la reducida propensión de muertes a causa de asfixia por sumersión en playas vigiladas por salvavidas. En Puerto Rico, una isla con 1,225 playas de características distintas, las propuestas para crear una red de salvavidas con jornadas fijas en los principales balnearios no han prosperado. Urge tomar acción al respecto.

Es preciso también ampliar la difusión de las advertencias y de las recomendaciones de seguridad mediante canales diversos. Una regla de oro es que el verdadero disfrute contiene una gran dosis de prudencia. Ello incluye no ignorar los avisos del Servicio Nacional de Meteorología sobre las condiciones inapropiadas para bañistas debido a fuerte oleaje, corrientes marinas u otras condiciones peligrosas.

La divulgación de avisos es responsabilidad del gobierno. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales y otras agencias estatales están llamados a poner en vigor respuestas proactivas de orientación y prevención. Esta agencia ha considerado utilizar tecnología para facilitar a la gente conexiones digitales mediante códigos QR que brinden boletines sobre las condiciones marítimas en tiempo real. Conviene dar paso a esta iniciativa.

La educación preventiva debe proveerse también desde los sectores turísticos, que incluyen hoteles y otros negocios con clientela extranjera.

Expertos en seguridad destacan que una persona que desconoce la topografía submarina de la playa y sus profundidades no debe lanzarse al agua, sobre todo si no sabe nadar y no está acompañada. Recalcan la importancia de educar y educarse sobre las cautelas que se deben tomar al entrar al mar. El conocimiento sobre los cuerpos de agua puede ser incorporado sin mayor dificultad en las lecciones académicas desde la educación temprana.

En esa línea, la enseñanza de la natación debe ofrecerse de manera abarcadora, no limitada a clases opcionales para quienes puedan sufragarlas.

El ejecutivo ha reconocido el impacto negativo de los ahogamientos en el turismo. Ha recibido recomendaciones reiteradas sobre el desarrollo de un plan integral de seguridad playero. La sugerencia supone crear una red de colaboración entre el DRNA, la Unidad Marítima de la Policía, el Negociado Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres y autoridades federales como la Guardia Costanera.

Es hora de que esta y otras iniciativas se materialicen como prioridad para reforzar al máximo un renglón relevante de la seguridad pública en Puerto Rico.

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