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Estados Unidos necesita regresar al compromiso climático

Este mes, coincidiendo con la derrota del presidente Donald Trump, se oficializa la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático, una acción que la comunidad internacional espera que el mandatario electo, Joe Biden, rectifique sin tardanza desde que asuma el cargo.

No es tarde para revertir el grave error que cometió Trump tan pronto asumió la presidencia, en 2017, un año y medio después de haberse firmado ese acuerdo que tenía el enorme y responsable objetivo de impedir que, en las próximas décadas, este planeta que habitamos, único hogar de nuestros hijos y nietos, perdiera sus recursos naturales debido al calentamiento.

El presidente Barack Obama se sumó al acuerdo cerrado en 2015 en la capital francesa. Su firma se consideró un éxito en la gestión mundial contra el cambio climático, ya que Estados Unidos es el segundo gran emisor de gases de efecto invernadero después de China, que también se integró al pacto. Sin embargo, Trump echó por tierra todas las expectativas y causó gran decepción entre la comunidad internacional.

Al anunciar su separación del Acuerdo de París, Trump se unía a la dudosa compañía de dos países que asumieron la misma actitud: Nicaragua y Siria.

En ese entonces, el mandatario expresó que él no había sido elegido para defender a los ciudadanos de París —una expresión mezquina, hecha para confundir a sus seguidores— sino para proteger los intereses de estados como Michigan y Pennsylvania, entre otros. Paradójicamente, en Michigan, Trump fue derrotado de manera clara, y Pennsylvania, aunque por escaso margen, fue uno de los estados que inclinó la balanza a favor de Biden.

El año pasado, por estas fechas, la Casa Blanca enviaba a la Organización de las Naciones Unidas una notificación formal de su decisión de abandonar el más esperanzador pacto vinculante contra el calentamiento global. En otras palabras, uno de los más grandes logros del planeta en materia de cooperación internacional recibía una estocada debilitante por parte de un gobierno cuya presencia en el grupo era vital.

A pesar de eso, el resto de los países firmantes se ha mantenido unido detrás del Acuerdo, aunque todos los ojos han estado puestos en China, por temor a que siga el ejemplo de Estados Unidos, cosa que afortunadamente no ha sucedido.

Donald Trump deja una nación que ha sufrido el embate de incendios destructivos, en muchos casos avivados por el incremento en las temperaturas. También los sucesivos huracanes que han azotado las costas de Louisiana y Mississippi son evidencia de que el cambio climático no es una ficción, sino una realidad que crece a más velocidad de la que los propios científicos habían augurado.

Biden ha hecho claro su propósito de poner toda su voluntad, desde ahora y una vez asuma la presidencia, en atender el fenómeno de la pandemia que golpea con fuerza a Estados Unidos, con más de 10 millones de casos y 240,000 muertes.

Concurrimos en que esa debe ser su indiscutible prioridad.

Sin embargo, la lucha contra el COVID-19 tiene un gran paralelismo y, en el aspecto de las migraciones, hasta puntos de convergencia con el tema del cambio climático.

Biden no debe tardar en retomar el camino de sus convicciones (al menos de las que ha expresado), y las del gobierno de Obama, del que formó parte: luchar con denuedo por el ambiente y por el planeta.

Puerto Rico, que ha apoyado con firmeza al presidente electo, debe respaldar el esfuerzo para que Estados Unidos se reintegre al Acuerdo de París. Siendo una isla en la ruta de los huracanes, que ha sufrido sequías y erosiones severas, y que ve amenazados sus recursos naturales, entre ellos los arrecifes de coral, a causa del calentamiento, la voz de los distintos sectores de Puerto Rico también debe hacerse sentir.

 

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