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Fortalecer infraestructuras neurálgicas ante los ciclones

El paso por nuestra zona del disturbio atmosférico más significativo en tres años, desde la experiencia catastrófica del huracán María en Puerto Rico, debe servir de oportunidad para corregir las áreas que aún no están listas para enfrentar un sistema ciclónico intenso durante el pico de la temporada de huracanes.

Con un pronóstico de hasta seis pulgadas de agua, las lluvias se perfilaban ayer como el efecto principal del sistema que se convertiría en la tormenta tropical Isaías. Las deficiencias en la canalización de cuerpos de agua y de planificación convierten las lluvias en un problema recurrente en Puerto Rico, donde más de 250,000 estructuras ubican en zonas inundables.

Cerca de medio millón de personas residen en áreas propensas a inundaciones y, ante eventos ciclónicos, quedan obligadas a resguardarse en refugios del Estado o casas de familiares. En medio de la emergencia salubrista del COVID-19, la vulnerabilidad de esas familias aumenta si no se ejecuta con agilidad y rigor un plan de emergencia abarcador y sensible. Particularmente en la zona sur, donde la actividad telúrica no ha cesado, los planes tienen que responder a los múltiples factores de riesgo para preservar la salud, la seguridad y las vidas. Quienes busquen albergue en casa de allegados, y sus anfitriones mismos, deben seguir al pie de la letra las recomendaciones de protección e higiene para prevenir contagios.

Las lluvias copiosas podrán aliviar los embalses, cuyos bajos niveles provocaron la implementación de un sistema de racionamiento en las pasadas semanas. Pero también pueden tener efectos perjudiciales provocados por una infraestructura del agua añeja y cuencas deforestadas por la actividad humana. La reconstrucción prevista de la isla debe atender dichas deficiencias como prioridad.

Los aguaceros asociados a estos sistemas suelen castigar la red de carreteras y puentes que fue seriamente averiada por el huracán María sin que se hayan logrado subsanar parte de sus daños. Resolver ese problema puede reducir el riesgo de aislamiento de cientos de familias, en particular en la montaña, y facilitar el acceso del personal de respuesta a emergencias.

Se anticipaba que el disturbio atmosférico pasaría más cerca de la isla esta madrugada con vientos de fuerza mucho menor que las del huracán María. Sin haber llegado, el martes el sistema eléctrico sufrió un apagón de proporciones mayores que requiere la más rigurosa investigación. Es responsabilidad de todos los componentes del sistema eléctrico procurar la seguridad del personal y de la infraestructura, de los que dependen el bienestar y la actividad socioeconómica del pueblo puertorriqueño.

Puerto Rico no debe estar más sujeto a temporadas de huracanes con el temor de quedar sin servicio eléctrico por tiempo prolongado. Mientras se acelera la transición a un sistema sostenible y resiliente, el mantenimiento debe continuar asumiéndose como una tarea apremiante por parte de todos los miembros de la corporación pública.

Mientras tanto, corresponde al gobierno responder con acciones diligentes a los señalamientos de la Agencia Federal para el Manejo de Desastres (FEMA) que concluyen, a la luz de una carta enviada a la gobernadora Wanda Vázquez el 14 de julio, que la isla no está preparada para enfrentar un nuevo fenómeno natural. Se trata de un asunto mayor luego de la catástrofe ocurrida en Puerto Rico en 2017 y sus secuelas, que cobraron la vida de más de 3,000 personas, dejaron a miles de familias sin luz por meses y obligaron al éxodo a otros.

En su misiva, el administrador de FEMA para la Región II que comprende Puerto Rico, Thomas Von Essen, enumera nueve preocupaciones que, según el gobierno de la isla, ya se atienden.

Los próximos meses serán determinantes para demostrarlo y para agilizar la puesta en marcha del plan para la reconstrucción de la isla. El objetivo es preparar al país, física, económica y socialmente, para los eventos recurrentes de la naturaleza, y para su máximo desarrollo