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Hagamos que nuestro puente aéreo sea seguro

Los aeropuertos y puertos marítimos constituyen infraestructuras esenciales para la normalización de las actividades socioeconómicas de Puerto Rico en las que inciden factores fuera de nuestras fronteras insulares.

La deseabilidad de reanudar actividades que incluyen componentes internacionales, como el turismo, un sector vital para la economía puertorriqueña, debe ir acompañada de medidas preventivas rigurosas en los puertos para prevenir nuevos contagios de COVID-19.

Aún sin un sistema preciso sobre las cifras de contagios y rastreos, y con cerca de 150 pérdidas humanas vinculadas al virus, la isla no ha sufrido el colapso de su red hospitalaria. Esto último no pasará desapercibido, ni para la población local ni para potenciales visitantes, ante realidades menos afortunadas en Estados Unidos y otros países del hemisferio.

Por ello, el gobierno, la industria turística y la población en general, deben mejorar las iniciativas que minimicen los riesgos de un repunte de la enfermedad, mientras avanzan las etapas de reactivación de la economía, después de tres meses de distanciamiento social y un toque de queda más estricto que el actual.

Expertos salubristas han subrayado la importancia de administrar la prueba del virus a cada viajero en el aeropuerto internacional, no solo para identificar contagios, sino para lograr un mejor rastreo de casos positivos. Han propuesto disponer de pruebas moleculares para administrarlas al arribo, y repetirlas al quinto día de la estancia de la persona en la isla.

La gerencia del aeropuerto internacional anunció que acogerá el protocolo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades para completar, desde julio, un formulario que facilite el rastreo, a base de la información brindada por el viajero. Asegura que apelará a la responsabilidad ciudadana para prevenir contagios porque someterse a pruebas y responder a los llamados de rastreos depende de acciones voluntarias.

La prevención desde el aeropuerto es clave porque el puente aéreo entre Puerto Rico y Estados Unidos aumenta en verano, cuando regresan universitarios y otros boricuas radicados en estados como Florida, Texas y Nueva York para compartir con familiares y disfrutar de la isla.

Hasta el 22 de junio, la pandemia del COVID-19 dejaba un saldo de cerca de nueve millones de personas contagiadas a nivel mundial y casi medio millón de muertos. Estados Unidos es el país de más contagios y decesos por COVID-19 en el globo. Hasta el lunes, las cifras preliminares aludían a más de dos millones de contagios y casi 20,000 decesos.

En Florida, hogar de cerca de un millón de puertorriqueños, los casos del virus hasta ayer sobrepasaron los 10,000 y las muertes se elevaron a 3,173. Mientras, en Nueva York, también con una alta población puertorriqueña, había 396,452 casos confirmados y la cifra de fatalidades ascendía a 31,965.

Como parte de la reactivación económica en Puerto Rico, se considera la reapertura de puertos marítimos y la llegada de cruceros, una industria que ha sido severamente impactada por el virus a nivel mundial.

El alza en el arribo de pasajeros por vía aérea, así como una eventual reapertura de la actividad cruceros, impone afinar el sistema de vigilancia epidemiológica, así como el rastreo de contactos y la disponibilidad de pruebas moleculares. Al mismo tiempo, urge no bajar la guardia en las prácticas cotidianas de prevención de un repunte de casos y brotes.

Calibrar la fórmula para volver a impulsar el turismo con aeropuertos, puertos, hospederías, restaurantes y atracciones regidos por medidas salubristas adecuadas, puede sumarse a los esfuerzos de otros sectores de la economía para fortalecer la ruta de la recuperación con la que quisiéramos que Puerto Rico sea modelo para el mundo.