Editorial
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Inmerecido golpe al béisbol en Puerto Rico

8 de febrero de 2026 - 1:00 AM

Desde que los directivos del Major League Baseball (MLB) comenzaron a pensar en la idea de un campeonato mundial en dicho deporte, Puerto Rico, con su larga tradición en la pelota y su extensa y cercana relación con esa prominente liga, estuvo en el centro de esas conversaciones.

Cuando se hizo realidad por primera vez el Clásico Mundial de Béisbol, en 2006, San Juan fue sede de las primeras dos rondas. En 2009 y en 2013, cuando Puerto Rico fue subcampeón, albergamos la primera ronda. En 2017 no fuimos sede, pero todos recordamos la magia y el furor por el Team Rubio, que también quedó subcampeón.

Este contexto hace incomprensible —y parece un golpe contra nuestra tradición deportiva— el insólito desenlace de que, por distintas razones, las tres principales estrellas del béisbol en Puerto Rico no fueran autorizadas a participar en la sexta edición del torneo, que arranca el 6 de marzo, aquí en San Juan.

El desenlace, provocado en algunos casos por dificultades para asegurar los contratos de algunos de los jugadores, ha creado un enorme mal sabor en Puerto Rico. A ningún otro equipo se le negó la posibilidad de que sus principales jugadores lo representaran, incluyendo algunos con abultados historiales de lesiones.

Los tres jugadores boricuas no autorizados a jugar en el Clásico son Carlos Correa, Javier Báez y Francisco Lindor. Correa, al parecer, decidió respetar la petición de los directivos de su equipo, los Astros de Houston, de no jugar. En el caso de Báez, de los Tigres de Detroit, los medios han citado otra causa, no relacionada con seguros, que impide su participación.

El caso más incomprensible es el de Lindor, la superestrella de los Mets de Nueva York, quien está saludable, quiere jugar, fue anunciado como capitán de la escuadra boricua y, aun así, no consiguió el permiso para participar. Lindor se sometió a un procedimiento quirúrgico menor en uno de sus codos, días después de terminar la temporada, en octubre del año pasado, lo cual fue hecho público por el equipo.

Se ha informado que está completamente recuperado y que participará de lleno desde el primer día en los entrenamientos primaverales de los Mets. No obstante, no fue posible conseguir quién asegurara su salario para la temporada regular en caso de que sufriera una lesión durante el Clásico. Según la página Baseball Reference, Lindor devengará $34.1 millones en la próxima temporada, por lo cual es comprensible la necesidad de conseguirle un seguro.

Lo que no es comprensible es que MLB, con todo su poder económico, más lo que se ha esforzado tratando de hacer relevante este evento, no tenga los mecanismos para garantizar que uno de sus principales jugadores —que es, a su vez, la figura cimera de un equipo que ha llegado a la final en dos de las cinco ediciones del torneo— pueda participar, aunque esté saludable y quiera hacerlo.

Este desenlace es inaceptable. Urgimos a MLB a, de ahora en adelante, establecer reglas claras, uniformes y de aplicación universal, que dispongan que, si un jugador saludable quiere participar, nada pueda impedírselo, como ocurre, por ejemplo, con los torneos internacionales de fútbol y baloncesto. La ausencia de reglas así ha provocado un malestar en Puerto Rico, uno de los mercados más fieles de MLB, que no cesará en poco tiempo.

Un equipo boricua compuesto mayormente de jóvenes saldrá al terreno el 6 de marzo a darlo todo y a representarnos con ese fuego que enciende a nuestros atletas cuando visten los colores patrios. Puerto Rico, como siempre, los respaldará desde la primera hasta la última entrada. Pero merecíamos, como todos los demás equipos, la oportunidad de ver a nuestras mayores estrellas en uniforme.

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