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La CEE debe proteger la confianza electoral

A doce días de la celebración de las primarias, y a cuatro del voto adelantado, es insólito que la Comisión Estatal de Elecciones esté hundida en arriesgados atrasos que siembran dudas en torno al cumplimiento eficaz de su misión, y muestran la realidad incontestable de que, de cara a esta consulta, su labor subraya la ineficiencia.

El reportaje publicado ayer por El Nuevo Día da cuenta de un caos en los preparativos más esenciales, como el impasse en la aprobación del reglamento de las primarias y el retraso de las papeletas para ejercer el voto. Faltan hasta los goteros para marcar con tinta a los votantes. De mayor preocupación es la incertidumbre respecto a las medidas de higiene en los colegios de votación.

Los termómetros y productos desinfectantes deberían estar ya listos y repartidos por los centros de votación, así como el equipo de aislamiento para los funcionarios que velarán por el proceso. Si a la CEE se le hizo tarde para pedir con tiempo mamelucos y batas quirúrgicas desechables, no puede esperar que se los sirvan de un día para otro, cuando decenas de hospitales y centros de cuido de mayores también los están solicitando.

La indolencia, la burocracia, la tendencia a delegar en otros las funciones que son de la más alta prioridad, han provocado que no haya claridad sobre el proceso.

El presidente de la CEE, Juan Ernesto Dávila, no responde al deber de informar la verdadera magnitud del problema, y de explicar al país, a través de la prensa, cómo lo resolverá. Le corresponde a él, como presidente del ente electoral, rendir cuentas sobre lo que está listo y lo que no, con fechas y datos, y con una proyección exacta a tan pocos días.

La CEE es la institución responsable de posibilitar que los electores de Puerto Rico ejerzan su derecho al voto, en libertad y con seguridad, como lo dictan las leyes y la Constitución. De la eficiencia de su labor dependen la confianza y la credibilidad en el proceso electoral que motivan la participación de los votantes. Esa participación es clave para la solidez de la democracia.

Los dirigentes de todos los partidos, aun de aquellos que no acuden a primarias, deben verse en el espejo de lo que puede ocurrir dentro de tres meses, llegada la hora de las elecciones generales. Es responsabilidad de todos velar porque se superen los atrasos y las fallas, para así evitar que los resultados de las votaciones queden en entredicho.

Si bien en las primarias participan los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático, colectividades que por décadas se han disputado la gobernación, en la CEE hay representantes de todas las formaciones políticas. No se deben limitar a señalar tibiamente las fallas, o los escollos que vislumbran para el evento del 9 de agosto. Es deber de todos conocer las interioridades de la Comisión y propiciar su solución.

No es la primera vez que la CEE enfrenta un desfase en los preparativos en la proximidad de un evento electoral. Pero este que vislumbramos ahora, cuando ni siquiera se han probado las máquinas de escrutinio, ni se sabe cuándo se empezarán a organizar los maletines, luce de alcance mayor.

Se impone una tarea ardua y precisa. Número uno, para establecer con claridad dónde está ubicada el organismo electoral a tan escasos días de las primarias. Número dos, para ver cómo se van a aunar los esfuerzos del gobierno y de los propios partidos, para asegurar que el domingo de las primarias prevalezca la confianza del pueblo en el ejercicio electoral.