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La nefasta lección de la secretaria Julia Keleher

Puerto Rico enfrenta hoy una página bochornosa en su historia gubernamental, esta vez vinculada al sistema de enseñanza pública que demasiadas veces ha sido golpeado por la corrupción.

La declaración de culpabilidad presentada en junio por la exsecretaria de Educación, Julia Keleher, por dos cargos de conspirar para cometer fraude, ha sido aceptada por un juez federal este miércoles. Los hechos admitidos confirman que la corrupción encuentra atajos para arrebatarle al Estado y, en este caso, a los niños en mayor desventaja económica y social, fondos dirigidos a fomentar la movilidad económica de los ciudadanos.

A pesar de que existen mecanismos que regulan los procesos de contratación, compras y manejo del dinero público, estos de nada sirven sin supervisión ni fiscalización efectivas y sin una ética de servicio que rija en las instituciones de gobierno, desde su cúpula, a todos los niveles.

Resulta insostenible que el servicio público en Puerto Rico, que en otras épocas destiló una cultura de vocación y honor, haya sido sustituido por el interés personal, el partidismo y el clientelismo político.

Es obligación de la institucionalidad gubernamental implementar con efectividad los mecanismos vigentes, que disuadan, detecten y castiguen todo asomo de falta de integridad en el servicio público.

Keleher es la segunda secretaria que admite delitos relacionados con un puesto público crítico para el desarrollo social y económico de la isla, a cargo de manejar la agencia con la mayor partida presupuestaria del gobierno. Hay varios otros funcionarios en proceso de enfrentar su día en corte, entre ellos tres exlegisladores, acusados mientras ocupaban sus escaños. Otros cumplen o han enfrentado las consecuencias de sus ilegalidades mientras se mantienen abiertas investigaciones para dar con posibles irregularidades adicionales.

La corrupción no solo drena el erario que se nutre de las aportaciones de todos los contribuyentes. También socava la prestación de servicios en agencias con la misión de ofrecer asistencia a los grupos más necesitados de la sociedad, y a las entidades que sirven a la fuerza productiva y empresarial. Cada acción corrupta lacera el clima de hacer negocios en la isla y tiene un alto costo en forma de retención de fondos federales o de procedimientos de distribución más estrictos. Al limitar el disfrute del acceso libre e igualitario a bienes y servicios públicos, la corrupción también violenta derechos fundamentales.

De la misma forma en que el procesamiento de un funcionario corrupto lastima la confianza en el servicio público, debería servir de disuasivo para quienes están investidos del privilegio de ocupar un cargo gubernamental. La historia, sin embargo, ha mostrado que no ha sido así.

La corrupción ha sido resumida por organismos internacionales como el abuso del poder público para beneficio privado. Pero es aún más.

En su estudio Derechos humanos y corrupción, la Comisión de Derechos Civiles, en 2015, extendió la definición de este mal a las dimensiones individuales y colectivas. “En su vertiente colectiva es la falta institucional de prácticas valorativas y de carácter de corrección en cada acto, actividad y transacción de una organización en particular. De la misma forma, en su vertiente individual, es la ausencia de una estructura valorativa colectiva e interna de creencias, actitudes y normas éticas sobre el comportamiento de una o varias personas”, apunta la investigación.

Tras cada acto corrupto hay una conducta: una decisión personal o grupal de beneficiarse de forma premeditada, ilegal y antiética a costa de los bienes que pertenecen a todos los ciudadanos como sociedad. Por lo tanto, la lucha contra la corrupción empieza por el liderato de gobierno con poder nominador. Desde allí es preciso modelar una cultura de sana administración pública que se extienda a cada instancia de gerencia en el gobierno. Sobre ellos, corresponde a los constituyentes mantener ojo avizor y estar dispuestos a negar con el voto nuevas oportunidades para que quienes han traicionado su confianza reincidan.

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