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La solidaridad ciudadana es clave para frenar el virus

Puerto Rico tiene que alcanzar con urgencia un sólido nivel de solidaridad ciudadana que se refleje en el cumplimiento cabal de las medidas salubristas dispuestas para frenar el aumento de contagios de COVID-19, que se están manifestando en brotes por distintas zonas y en las estadísticas disponibles sobre muertes, hospitalizaciones y contagios.

La documentación sobre contagios múltiples en lugares específicos de varios pueblos, divulgada por el Departamento de Salud, muestra el descuido de ciertos sectores de las protecciones indispensables.

Algunas personas han desafiado las normas, al participar en fiestas u otras actividades sociales sin mantener distanciamiento físico ni utilizar mascarillas. Las imágenes captadas el pasado fin de semana en una fiesta en una finca en Morovis ilustran un comportamiento irresponsable que pone en riesgo a familias, amigos y trabajadores.

Al inicio de la acelerada propagación del COVID-19 en Asia y Europa, el gobierno de Puerto Rico adoptó con celeridad un toque de queda y otras medidas preventivas que la mayoría de los ciudadanos acató. Aunque asumimos iniciativas preventivas antes que gran parte de Estados Unidos y otros países, a partir del verano fueron evidentes los descuidos con saldo negativo. Desde julio, la tasa de positividad del virus superó el 5%, el nivel aceptable para lograr la estabilidad sanitaria. El alza se asoció de inmediato al incumplimiento del distanciamiento social y a no usar mascarillas.

Aunque la mayoría de la población ha respetado las normas de seguridad pandémica que han estado en vigor desde marzo, su incumplimiento por parte de ciertos sectores puede generar a corto plazo un alza mayor de casos. Fuera de control, este escenario tiene el potencial de desestabilizar el sistema de salud público y privado del país.

El asunto es sumamente serio. Por ello, todos los ciudadanos, los gobiernos estatal y municipales, las empresas y demás componentes de la sociedad, estamos llamados a reforzar las barreras contra la propagación del COVID-19. Esta gestión depende, en buena parte, de la responsabilidad individual.

En cada núcleo familiar, el buen modelaje de los adultos al usar mascarillas, la observación estricta de medidas de limpieza personal y doméstica, así como el respeto al distanciamiento social al realizar gestiones esenciales fuera del hogar, constituyen defensas necesarias del bienestar de parientes, allegados y otros miembros de la comunidad.

A seis meses del desafío pandémico, es clave mantenerse informado sobre la incidencia del virus y aprender de las lecciones, sin duda trágicas, del sufrimiento de otras familias, comunidades, países y continentes. Ser receptivo a los datos divulgados por las autoridades salubristas es hoy, más que nunca, un asunto ligado, más que a nuestra calidad de vida, a nuestra sobrevivencia.

Es prioritario que las autoridades mantengan intervenciones contra aquellos ciudadanos que incumplan las medidas salubristas, así como con los responsables de instalaciones en las que se producen actividades sin distanciamiento social y en violación a otras normas de seguridad establecidas por el gobierno.

El Departamento de Salud informó que hasta ayer en la isla se han producido 482 muertes y 16,788 casos confirmados del virus, además de 18,716 pacientes con probable contagio.

Nadie debe restar importancia a estos indicadores, que, además, pueden estar subestimados debido a vacíos de información de San Juan, Adjuntas y Morovis. Las estadísticas de esos municipios no se incluyen en el Sistema Municipal de Investigación de Casos y Rastreo de Contactos del Departamento de Salud. La deficiencia debe ser subsanada pronto. Sin datos amplios sobre los contagios en todo el país no se puede conocer la complejidad de la propagación y ajustar medidas para combatir mejor la pandemia. De la misma forma, el sistema gubernamental para el rastreo de contagios debe ser reforzado.

La grave circunstancia salubrista exige el mayor despliegue de la solidaridad que nos distingue como pueblo y eficiencia rigurosa en la gestión gubernamental. Juntos tenemos la llave para cerrar el paso impetuoso del COVID-19 en Puerto Rico.