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La UPR debe ser un proyecto crucial para el país

La Universidad de Puerto Rico, institución medular para el desarrollo del país desde su fundación en 1903, tiene ante sí el desafío transcendental de reestructurar de forma abarcadora sus operaciones académicas y administrativas, a fin de responder con excelencia a las necesidades de las nuevas generaciones de puertorriqueños.

El centro de enseñanza puede aprovechar el aval de la Junta de Supervisión Fiscal al nuevo plan fiscal de la Universidad, para emprender iniciativas de eficiencia en su infraestructura operacional y sus ofrecimientos académicos, a tenor con la responsabilidad de edificar el gran proyecto de país que sirva a las aspiraciones de progreso de la gente.

Libre de aumentos en el costo de la matrícula y cuotas aplicables a los estudiantes a corto plazo, la institución debe agilizar sus mecanismos, en busca de mayor autosuficiencia fiscal ante la realidad inescapable de las menguadas aportaciones del gobierno central.

En esa encomienda impostergable, las reformas curriculares basadas en especialidades emergentes y de demanda creciente en la era digital no pueden quedar relegadas. Igualmente, reforzar los programas exitosos de recintos especializados en Ciencias, Matemáticas y Tecnología tiene que persistir como objetivo prioritario.

Las bases que han permitido el éxito de programas de ingeniería, matemáticas, tecnología y medicina, como los de los recintos de Mayagüez y Ciencias Médicas, deben replicarse en otros centros con matrícula reducida.

Es momento de enriquecer programas con demanda decreciente y revisar modelos en desuso. Se impone un ejercicio de desprendimiento y proyección hacia el futuro, teniendo en cuenta las innovaciones del mercado laboral que trasciende el entorno local y reclama a profesionales competentes para desempeño presente o virtual en cualquier lugar del planeta.

Las reformas deben incorporar de forma vigorosa alternativas de estudio a distancia. En ese ámbito, las universidades privadas han asumido liderazgo y atraen a alumnos que procuran mayor flexibilidad u opciones laborales que no interfieran con sus estudios. Las alternativas del aula virtual también han facilitado el reingreso a la academia de adultos interesados en grados de maestría o doctorales. Esto es cónsono con la importancia que la UPR concede a la investigación, que la ha destacado en las Ciencias Naturales y Sociales, así como en las Humanidades.

Precisamente, la Universidad debe mantener su sitial en la educación superior en la formación humanística y su aportación en la promoción del pensamiento crítico de miles de egresados que aportan al país desde todos los campos del saber.

Para adelantar la necesaria transformación, la UPR tiene que erradicar deficiencias administrativas y fallos vinculados a omisiones en la rigurosidad del cumplimiento de las normas gerenciales. Se impone una estructura celosa de la eficiencia y libre de sistemas burocráticos que minan la agilidadque imponen lostiempos modernos. Será importante retener un buen programa de becas para atraer a alumnos con gran potencial de desarrollo cuyos escasos recursos representen escollos para recibir una educación de calidad.

La transformación requiere adoptar un andamiaje dinámico para allegar fondos de fundaciones locales e internacionales promotoras de la cultura y educación, así como el mejoramiento tecnológico y profesional. En la meta de generar ingresos propios de forma sistémica, la institución tiene el potencial de lograr rédito por patentes de nuevos sistemas, inventos o productos surgidos en investigaciones desarrolladas en sus laboratorios.

En ese empeño, conviene promover alianzas con otros centros de educación superior de Puerto Rico y universidades de Estados Unidos y Europa que previamente han realizado colaboraciones conjuntas de notable proyección internacional.

Los egresados de la UPR, así como su personal docente y administrativo, un tropel de recursos experimentados que incluye a profesionales de prestigio internacional, están llamados a lograr la reformulación indispensable para alcanzar autonomía fiscal, eficiencia administrativa y modernización educativa, en la ruta impulsadora de la recuperación económica y social del país. Las metas están definidas. Con voluntad y empeño será un proyecto crucial para el progreso de Puerto Rico.