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La vacunación es la gran barrera contra el contagio

El peligroso avance del sarampión, enfermedad que ha alcanzado el nivel epidémico en varios vecindarios de la Ciudad de Nueva York, tiene que motivar a actuar con responsabilidad para detener y prevenir los contagios mediante la vacunación desde la edad temprana.

Hacemos un llamado fuerte a las familias en Puerto Rico a valorar la inoculación como la herramienta probada para detener las enfermedades infecciosas. El alza en la incidencia ocurre en distintas partes del globo, incluidos los países más desarrollados.

Los datos oficiales muestran la magnitud del cuadro de contagios. Hasta mediados de abril de 2019 se habían confirmado 555 casos de sarampión en 20 estados estadounidenses. Estos corresponden a seis brotes que involucran mayormente a personas que habían viajado a países con creciente incidencia de sarampión, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud.

Los estados de Estados Unidos que han registrado casos de sarampión son Arizona, California, Colorado, Connecticut, Florida, Georgia, Illinois, Indiana, Iowa, Kentucky, Maryland, Massachusetts, Michigan, Misuri, Nevada, Nuevo Hampshire, Nueva Jersey, Nueva York, Oregón, Texas, Tennessee y Washington. Los puertorriqueños visitamos con mucha frecuencia la mayoría de estas jurisdicciones.

Más de la mitad de los casos en Estados Unidos se han registrado en la Ciudad de Nueva York, en particular en vecindarios del Condado de Brooklyn. No extrañaría que personas infectadas entren a la isla en algún momento, dado el voluminoso tránsito de pasajeros entre Puerto Rico y esa jurisdicción.

Puerto Rico tiene que fortalecer las medidas de prevención del contagio. Padres, madres o encargados son responsables de asegurar el cumplimiento con el itinerario de vacunación de los menores, con los refuerzos correspondientes. El Estado, por su parte, debe facilitar el acceso a las vacunas.

Así evitaremos tener que recurrir a medidas extraordinarias como las adoptadas por el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio. El ejecutivo gubernamental declaró una emergencia pública de salud e instruyó a los vecinos de las comunidades más impactadas a inmunizarse contra el sarampión, so pena de multas de hasta $1,000. También advirtió sobre la posibilidad de cerrar escuelas que sigan admitiendo a estudiantes sin vacunar.

Expertos establecen una relación entre el rechazo a las vacunas y el alza en la prevalencia de enfermedades infecciosas, como el sarampión, en países desarrollados. La resistencia está asociada a la creencia, científicamente desacreditada, de que las vacunas causan autismo. Se nutre también de la suspicacia hacia los productores de medicamentos y los gobiernos.

En Puerto Rico, donde la vacunación es obligatoria en los primeros años de vida, no se han registrado casos de sarampión desde 2002, de acuerdo con las autoridades salubristas.

Pero la baja en la inmunización, a nivel mundial, ha permitido el regreso al sarampión en regiones desarrolladas como Europa. Sin embargo, el alto potencial de contagio de la enfermedad es prevenible con la aplicación de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola, paperas) o la bivalente (sarampión, rubéola).

Las vacunas son una muralla contra las enfermedades infecciosas; protegen la salud y hasta la vida de millones de niños cada año. Su impacto trasciende al individuo: resguardan a la persona vacunada y al resto de su comunidad debido al efecto de la inmunidad de grupo. Este se logra cuando al menos el 95% de sus miembros está vacunado.

Dejar de vacunar a un menor hace que la tasa de resguardo colectivo descienda y abre la puerta a enfermedades que deberíamos tener controladas. Hoy el sarampión amenaza tan cerca como en Estados Unidos; mañana pueden ser otras infecciones con igual potencial dañino.

Confiamos en que Puerto Rico pueda mantener en alto la barrera defensora contra los males que se pueden evitar mediante la vacunación responsable y a tiempo.