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Regreso a clases presenciales de manera segura

Aparte de los más de cinco millones de muertos y sus familiares, así como de los que viven con las serias secuelas de la enfermedad conocida como “covid a largo plazo”, es posible que para nadie haya sido más dura la pandemia que para los estudiantes de todos los niveles que fueron privados, de un instante a otro, de esa experiencia vital y crítica en la vida que es la educación presencial.

En este momento en que la humanidad, y dentro de ella Puerto Rico, enfrentan una nueva y voraz ola de contagios a consecuencia de la variante ómicron, y se ensaya de nuevo con restricciones y límites de aforo para hacerle frente a los contagios, conviene tomar en cuenta también el severo impacto que ha tenido la educación virtual en nuestros niños y jóvenes, para que también sea parte de los criterios de las decisiones.

Es difícil, si no imposible, encontrar un conocedor del tema, o una institución, pública o privada, que diga que la educación virtual ha sido beneficiosa para nuestros estudiantes. La Academia de Pediatría de Estados Unidos, por ejemplo, reportó el año pasado que el 25% de los participantes en un estudio reportaron un empeoramiento de condiciones mentales y emocionales. Brown University reportó que los estudiantes obtuvieron solo dos terceras partes del conocimiento que habrían adquirido en clases presenciales.

Los desafíos fueron aún mayores para los estudiantes desventajados económicamente, como lo son el 78% de los alumnos de las escuelas públicas de Puerto Rico, ya que carecen de los recursos tecnológicos para insertarse apropiadamente en las clases virtuales o de apoyo humano para suplir las enormes deficiencias de la educación en distancia.

En Puerto Rico, se reportaron el pasado año escolar 24,000 fracasos. Un estudio del profesor José Caraballo Cueto encontró un aumento en la deserción escolar en el mismo periodo. Un análisis de la Unidad de Investigación y Datos de este diario encontró que durante los primeros meses de la pandemia al menos 22,000 estudiantes no recibieron ningún tipo de educación. Hay un consenso en la comunidad científica de que el largo periodo de educación virtual o a medias tendrá serios efectos a largo plazo, tanto en aprovechamiento académico como en salud emocional, de quienes lo sufrieron.

Comprendemos los válidos temores ante el acelerado avance de la variante ómicron y apoyamos sin reservas las medidas que se tomen para garantizar la salud de nuestros estudiantes y de sus familias. Pero creemos que todas las medidas que se tomen deben ser con miras al regreso a la educación presencial de la manera más rápida, y segura posible.

El gobernador Pedro Pierluisi anunció el miércoles que el gobierno de Puerto Rico tiene la intención de abrir las escuelas a clases presenciales el 24 de este mes. Unos días antes, deben reportarse los maestros. Mediante exigencia de vacunas y pruebas aleatorias, el gobierno espera que se puedan dar clases presenciales de manera segura.

Apoyamos este esfuerzo, pero estaremos vigilantes para que se cumplan con los protocolos establecidos, para la seguridad tanto de niños y personal docente, como de sus familias. Urgimos también a los padres, maestros y el resto de la sociedad a colaborar con este esfuerzo que es para el beneficio de toda la sociedad. De la misma manera, invitamos a las universidades y escuelas privadas a desarrollar también los planes que permitan clases presenciales lo antes.

En otras jurisdicciones con niveles de casos iguales, parecidos o mayores a los nuestros, como el caso de la Ciudad de Nueva York, los niños están volviendo a clases dentro de estrictas medidas de seguridad. Esa debe ser también la meta firme en las instituciones educativas de Puerto Rico.

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