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Respeto total para la gente de Vieques y Culebra

El gobierno de Puerto Rico tiene que frenar la incertidumbre en Vieques y Culebra con acciones y datos confiables que incluyan plazos firmes respecto a las embarcaciones que van a sumarse a las pocas que están funcionando. La situación de transporte en las islas municipio se deteriora cada vez más, con consecuencias nefastas para los residentes y su economía.

Lo acaecido este fin de semana, cuando varias embarcaciones intentaron atracar sin éxito en los muelles de Culebra o Isla Nena, teniendo que regresar al punto de partida en Ceiba, es solo una muestra de la manera en que se han exacerbado los ánimos de unos compatriotas que se sienten abandonados desde hace décadas.

Es insólito que los residentes se conviertan, literalmente, en rehenes de un largo problema cuya solución no debería implicar gran complicación.

Se han estado acumulando las vicisitudes sanitarias y educativas, especialmente tras el paso del huracán María, y, más recientemente por la necesidad de reducir el número de pasajeros para cumplir con las normas de distanciamiento requeridas por la pandemia.

El número de lanchas de pasajeros o barcazas que no funcionan, lo que ha obligado a recurrir a las embarcaciones de la Guardia Nacional, denota el nivel de ineficiencia al que ha llegado la Autoridad de Transporte Marítimo. Esta agencia no puede seguir fallando a su obligación central de procurar el mejor servicio a la gente que depende de esas travesías desde y hacia las islas municipio.

Es importante rehabilitar otras rutas, como la de San Juan a Cataño y viceversa que, sin tener la urgencia de la transportación a las islas municipio, también forman parte de un servicio esencial a las comunidades en desventaja.

De otro lado, bloquear el paso de las contadas embarcaciones que están navegando, perjudica, en primer lugar, a los propios residentes de Vieques y Culebra. No solo se impidió la llegada de turistas, que en una semana como esta representan una buena fuente de ingresos para muchos negocios y trabajadores, sino que las víctimas del bloqueo fueron los propios viequenses y culebrenses, que se quedaron sin medios para volver a sus hogares. No era prudente tampoco enviar lanchas de pescadores a recoger a los residentes de Vieques varados en Ceiba. El mar estaba picado y la navegación desaconsejada para las embarcaciones menores. Transportar a pasajeros cargados de paquetes sin un protocolo de seguridad es una de las imágenes más inquietantes de la lamentable jornada.

Las promesas del gobierno se han estado moviendo en un terreno, más que ambiguo, contradictorio. Al principio se dijo que la compañía con la que se estaba cerrando la Alianza Público Privada, HMS Ferries, no se comprometía a aportar nuevas embarcaciones. Ante la reacción de la opinión pública, el presidente de la empresa, Matt Miller, anticipó que sí se sumarían al menos tres nuevas embarcaciones a la flota, la primera de las cuales estaría operando aproximadamente en un mes, plazo que se cumple a mediados de abril.

Nos reiteramos, como siempre lo hemos hecho en estas páginas, en que la situación de Vieques y Culebra tiene que atenderse de manera prioritaria. Y no solo en lo referente a la transportación, sino también en otros aspectos como la salud y la economía, además de la limpieza de playas y sitios de antiguas maniobras militares en los que todavía hay escombros. Según datos recientes de la Oficina de la Contraloría General de Estados Unidos, la limpieza no culminaría hasta 2032, un cálculo inadmisible.

En el respeto hacia los más aislados, está la clave de una puertorriqueñidad más digna y resiliente. Los residentes de Vieques y Culebra no pueden quedar rezagados en los esfuerzos por reconstruir un país del que estos municipios son bandera de tenacidad.

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