💬

Rigor y cautela en esta crucial etapa de apertura

Puerto Rico se enfrenta, a partir del martes, a su gran prueba de civismo desde que acogió con disciplina la declaración de emergencia por la pandemia del COVID-19 hace tres meses. Con la responsabilidad con que superamos huracanes, terremotos y semanas de distanciamiento social, ha llegado el momento de emprender labores detenidas, y de alcanzar un mayor nivel de sosiego mientras evitamos contagios.

El país entra a su etapa económica y laboral más retadora desde el 15 de marzo, y puede hacerlo con determinación, rigor y cautela. De cada componente de la sociedad dependerá mantener en equilibrio las dinámicas de interacción social, laboral y comercial, con las medidas de salubridad.

Ello es preciso para romper las incertidumbres que aún nublan el horizonte. La amenaza del coronavirus sigue vigente mientras no se desarrollen vacunas ni tratamientos para superarla. Mientras ello ocurre, el país tiene que retomar la agenda para superar la crisis fiscal y económica que data de más de una década, agravada por los desastres recientes.

La ampliación de actividades autorizadas a partir del martes es un paso necesario. En esta nueva etapa con menos restricciones fuera del hogar, evitar el aumento de contagios lleva a un nuevo nivel la responsabilidad compartida entre el gobierno, la empresa privada, las organizaciones comunitarias y cada persona que realiza trabajos o gestiones fuera del hogar.

Las autoridades sanitarias tienen todavía el reto de resolver deficiencias para ampliar las pruebas moleculares y afinar el sistema de rastreo de contactos. Los datos científicos son apoyo necesario de las estrategias epidemiológicas para identificar cualquier repunte de contagios. Aunque la propagación del coronavirus no ha alcanzado niveles alarmantes como ha ocurrido en otros países y jurisdicciones de Estados Unidos, en la isla el coronavirus había cobrado hasta el viernes 146 vidas, incluso de adultos jóvenes.

La Administración de Servicios de Salud Mental y contra la Adicción ha informado que el inminente regreso al trabajo ha aumentado los niveles de ansiedad de la población. La línea de emergencia PAS recibió en promedio 4,000 llamadas diarias en una semana. Las inquietudes estaban relacionadas, entre otros estresores, al miedo a perder el trabajo si no se puede cumplir con regresar y a interrogantes sobre el cuido de menores. Los expertos recomiendan, en estos casos, evitar que el miedo paralice sin que se minimicen las emociones que se experimentan. El COVID-19 ha trastocado las vidas y rutinas de todos, por lo que es normal que afloren mezclas de emociones asociadas. Es importante poder expresarlas y que familiares, allegados, supervisores y profesionales de la salud estén prestos a la escucha solidaria.

Nos corresponde extender la misma solidaridad y respeto por la salud de otras personas en lugares públicos, y aún en el hogar, especialmente con los adultos mayores y personas con enfermedades crónicas o con el sistema inmunológico comprometido.

El sector privado ha asegurado que cumplirá al pie de la letra los planes para sus operaciones ajustadas al escenario pandémico, según aprobados por las autoridades. Estos han implicado inversiones adicionales para modificar el diseño de los espacios en los que reciben clientes y para intensificar las medidas de higiene. El público validará con su auspicio el cumplimiento de dichas acciones.

La cautela ciudadana será fundamental para avanzar hacia otras etapas de la reapertura, sin poner en riesgo la salud. Es preciso evitar un revés salubrista y los daños personales y económicos que implicaría.

Con conciencia y precaución, Puerto Rico tiene la capacidad de abrir caminos a la recuperación pospuesta. Tenemos para ello la experiencia ganada de superar en tres años huracanes, terremotos y los retos recientes de la pandemia. Hoy esa constancia debe persistir con la convicción firme de que el virus lo paramos unidos.