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Sin tregua contra el tráfico de drogas

Las autoridades federales están mostrando su preocupación por las actividades del crimen organizado en Puerto Rico, al desplegar una ofensiva contra el tráfico de drogas y el lavado de dinero, cuyos frutos se hacen patentes con cada nuevo golpe a esa actividad nefasta.

Esta ofensiva confirma lo que hemos sostenido en este espacio: con el respaldo conjunto de las principales agencias federales encargadas de combatir el crimen organizado y el tráfico de estupefacientes, más la colaboración de las fuerzas especializadas de la Policía de Puerto Rico, pueden darse esos golpes certeros contra esas ilegalidades que tanto daño causan a la sociedad y la economía.

La visita a la isla, a finales del pasado agosto, del zar antidrogas de los Estados Unidos, Jim Carroll, pudiera marcar un antes y un después en la determinación de las agencias federales de combatir la fuerza de esas actividades ilícitas en nuestra zona, que se ha convertido en un puente o base de trasbordo de drogas y dinero mal habido.

La reciente confiscación de una suma considerable de efectivo, $27 millones, ocultos en cajas que supuestamente contenían el producto de una mudanza, y que estaban a bordo de un buque que tenía por destino a las Islas Vírgenes, confirma que los movimientos de mercancías ilegales entre las islas caribeñas son parte de una estrategia que aprovecha la geografía marítima de Puerto Rico para esquivar controles.

Unidades de Patrullas Fronterizas y Aduanas delataron la presencia de dinero, un cargamento que por su magnitud movilizó a la Administración de Control de Drogas, la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional, la Fiscalía federal y la Policía de Puerto Rico, entre otras agencias de ley y orden.

No es descabellado pensar que este tipo de trasiego marítimo, que podría ser respaldado por una cadena de cómplices vinculados a distintos sectores en los muelles, se ha llevado a cabo con éxito en ocasiones anteriores. Las autoridades ya venían cerrando el círculo a esta modalidad, como lo demuestran las cuatro incursiones que se habían hecho anteriormente, en apenas dos meses, y en las que se confiscaron altas sumas de dinero, ninguna similar a esta.

El mensaje es claro: existe la voluntad de poner freno a la utilización de la isla como puente de entrada y salida de drogas y sumas multimillonarias. El desafío que representa custodiar las 700 millas de costa con que aproximadamente cuenta la isla puede superarse a base de las pesquisas minuciosas, las nuevas tecnologías y, por supuesto, la colaboración de las autoridades locales y federales que en estos momentos está rindiendo frutos.

Uno de los puntos más sensibles en el horrendo negocio del narcotráfico es la eficacia con que se puede mover el dinero que produce, e integrarlo a la corriente legal de efectivo, algo que, tratándose de esas cifras desmesuradas, es lógico que les resulte difícil. Confiscar esas fortunas antes que entren en circulación es un éxito que también permite detectar los tentáculos de las bandas con sede en Sudamérica. Más que el dinero, el tesoro de un operativo como ese es la cantidad de información que provee.

Uno de los pilares de la reconstrucción económica del país es el rigor fiscal, que actualmente es burlado y saboteado por la economía informal y los negocios criminales. Para acceder a un orden social de paz que cuente, además, con una economía sólida y libre de sectores que corroen la sociedad, hay que despojar a Puerto Rico del peso de ser puente del narcotráfico entre países.

Nuestros niños y jóvenes necesitan a Puerto Rico libre del horror del narcotráfico.