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Una respuesta digna para trabajadores desplazados

El Departamento del Trabajo y Recursos Humanos tiene que moverse a la adopción de estrategias que pongan fin a la espera injusta de miles de trabajadores desprovistos de ingresos por la pandemia del COVID-19.

El próximo lunes, 15 de junio, se cumplirán tres meses desde el decreto de la emergencia en la isla por la propagación de la nueva cepa de coronavirus. La determinación del gobierno de ordenar el cierre de actividades laborales y económicas para prevenir contagios ha sido reconocida como necesaria. No obstante, la crisis en el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, por el embudo de casos sin atención ni desembolsos económicos, revela la falta de previsiones y proactividad a todos los niveles de gobierno.

Ante una emergencia de salud pública sin precedentes, la agencia ha evidenciado falta de agilidad que produce una cultura excesivamente burocratizada. Esa dependencia, como otras agencias estatales, ha pretendido atender la crisis con el ritmo de su operación acostumbrada, en vez de asumir con diligencia la preponderancia que le impone este periodo.

Desde antes del decreto de resguardo domiciliario debió anticiparse la avalancha de reclamos al seguro por desempleo. Por el contrario, la orden dejó en sus casas a los empleados públicos sin considerar que, con ello, miles de empleados del sector privado quedarían sin sustento de forma inesperada, por tiempo indefinido.

Cuando se activó el personal del Negociado del Desempleo, los horarios continuaron en jornada de trabajo regular para atender a decenas de miles de trabajadores afectados. Ni siquiera los trámites se atemperaron a la emergencia para simplificar los formularios de solicitud de pago. Así, preguntas que sobran en la crisis sanitaria, como si se busca empleo activamente, han provocado contratiempos innecesarios para los solicitantes. Una de las instancias que más angustia ha causado a estos trabajadores son los llamados puntos controvertibles, producidos a veces por liquidaciones de licencias, que la agencia puede verificar por certificación patronal para ajustar el pago sin duplicar el proceso con el participante.

El caos se agudizó cuando el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), incapaz de atender la demanda por teléfono o en línea, obligó a gente de toda la isla, sin empleo y sin ingresos, a llegar hasta la sede de la agencia en San Juan para sumarse por horas al embotellamiento de automóviles en pleno Hato Rey. Los horarios de oficina permanecieron sin mayores alteraciones para una situación que requería jornadas extendidas. Tampoco ha habido una campaña informativa abarcadora que oriente a los solicitantes sobre cómo evitar errores al llenar los formularios o qué documentos tener a mano para agilizar la asistencia. Algunos de estos errores podrían subsanarse con orientación o con el cuidado por el detalle por parte de quienes tramitan los documentos.

La espera ha llevado al desespero y la violencia, al puntode que en los pasados días surgieron agresiones y amenazas en las filas. Urge romper con la burocracia que impide a estos trabajadores recibir lo que por derecho les corresponde. Es preciso asegurar que reciban en retroactivo las compensaciones que se les deben.

Exsecretarios, trabajadores y exempleados retirados de la agencia se han ofrecido para ayudar en el monumental esfuerzo de atender una cantidad de solicitudes nunca antes vista por la agencia. Deben buscarse otras alternativas para evitar que la gente se vea obligada a madrugar en busca de un turno sin la certeza de que serán atendidos. El propio gobierno tiene bases de datos de todos los trabajadores del sector privado y los trabajadores por cuenta propia debidamente registrados en el Departamento de Hacienda.

Mientras, en la evaluación que le corresponde hacer al Senado sobre la designación de Carlos Rivera para ocupar la secretaría vacante en el DTRH, el nominado deberá demostrar que cuenta con las competencias, la vocación de servicio y la sensibilidad hacia los miles de trabajadores que todavía esperan por ayuda.

El manejo deficiente de la crisis en el DTRH dicta como lección principal que desde la dirección de cada agencia urge responder con visión para optimizar las respuestas de ayuda a los ciudadanos y mantener un desempeño proactivo y creativo, apoyado por un liderazgo dinámico con las mejores destrezas para comunicar efectivamente.