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Urge asegurar la paz desde la institución presidencial

El crítico estado de tensión vinculado a la violenta insurrección incitada por el derrotado presidente Donald Trump en Washington D.C. obliga a las estructuras gubernamentales en Estados Unidos a tomar medidas constitucionales y estatutarias que garanticen, al pueblo estadounidense y a la comunidad internacional, que los deberes de la institución presidencial se ejecutarán bajo el resguardo inequívoco de la estabilidad social y política, en respeto a las leyes domésticas y las relaciones de paz con el exterior.

La gravedad de la incivilidad y pérdida de estatura presidencial de Trump causa seria preocupación entre el liderato legislativo federal. Han surgido propuestas para destituir al presidente mediante la aplicación de la Enmienda 25 de la Constitución por parte del gabinete presidencial, o un juicio político en el Congreso. La líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha pedido a la dirigencia militar que prevenga que Trump tome alguna decisión militar en lo que resta de su mandato, incluido un potencial ataque nuclear.

La inestabilidad en la capital federal debe mover a las autoridades de ley y orden a adoptar las medidas necesarias para asegurar la protección de los ciudadanos y de la ceremonia de inauguración del presidente electo Joseph Biden, dispuesta para el 20 de enero. Trump ha anunciado que no asistirá al evento, que tradicionalmente ha marcado el pacífico cambio de mando presidencial, en otra acción contraria al civismo que ha caracterizado a la democracia estadounidense.

La seguridad de la toma de posesión del presidente electo Joe Biden es vital, no solo por el deber supremo de proteger la vida y la propiedad, sino por el mensaje de fortaleza democrática que debe emanar de la institución presidencial ante su misión trascendental de unificar la fragmentada sociedad estadounidense.

La juramentación de Biden debe modelar, para la historia, una transición gubernamental gloriosa frente al resto de la humanidad que, perpleja y preocupada, ha observado el estremecimiento de la nación defensora de los valores de la democracia a través del mundo.

Las actuaciones incendiarias e incongruentes del presidente saliente mantienen en alerta al mundo. Tras acceder el jueves a una transición pacífica de la presidencia, aunque sin reconocer la victoria de Biden, Trump ha vuelto a provocar al proclamar patriotas a sus votantes, además de confirmar que no asistirá a la juramentación. Sería la primera vez en la historia de Estados Unidos, desde 1869, en que un presidente saliente no acude a la ceremonia que marca el reconocimiento de la voluntad mayoritaria ciudadana en las urnas.

Al menos, el vicepresidente Michael Pence, leal incondicional al presidente hasta la insurrección que tuvo lugar en nuestro Día de Reyes, ha sabido mantener el temple que el país requiere en esta crisis. Lo hizo como presidente del Senado al negarse a desafiar el voto mayoritario en la sesión conjunta que certificó la elección de Biden. El viernes confirmó su asistencia a la ceremonia de cambio de mando. Así, pone en alto los principios democráticos y de civismo que han caracterizado a Estados Unidos. Confiamos en que esos principios llevarán a la nación a crecerse como ha sabido hacerlo a través de su historia.

En tanto, es preciso investigar y procesar a las personas que cometieron actos criminales el miércoles en el Capitolio federal para impedir que la impunidad incentive la repetición de esa experiencia nefasta que atentó contra la forma republicana del gobierno. Debe caer todo el peso de la ley sobre quienes interrumpieron la sesión conjunta de la Cámara de Representantes y del Senado mientras se realizaba otro acto de obediencia constitucional: el solemne proceso para certificar el resultado de los comicios presidenciales del 3 de noviembre.

También debe identificarse las circunstancias en que se produjo la brecha de seguridad en las inmediaciones del Capitolio, cuando se anticipaba la posibilidad de disturbios relacionados a una concentración de seguidores convocados por Trump. La acción contundente enviará el mensaje de que la nación no tolerará semejante ataque a su institucionalidad y paz.

Hasta el viernes, cuatro personas habían muerto como consecuencia del despreciable ataque al Capitolio federal. La muerte de un oficial policial estaba bajo investigación. Detrás de estas desgracias hay un discurso de intolerancia y de incitación a la violencia pronunciado desde la plataforma presidencial.

Estos días sombríos en la cúpula del poder gubernamental en Washington deben dar paso a la sabiduría luminosa que guíe el futuro de Estados Unidos.

 

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