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Don Tommy Muñiz y su primera asistente, Julita Acosta.
Don Tommy Muñiz y su primera asistente, Julita Acosta. (Suministrada)

Al día de hoy, Julita y Flavia no me han perdonado los suplicios por los que las hice pasar.

Así he vivido, p. 289

Para el éxito de un gran empresario y productor prolífico como don Tommy Muñiz, una “mano derecha” es esencial para administrar los asuntos operacionales de una organización tan compleja como una empresa de producción creativa. En su caso, por la amplitud de sus talentos y su capacidad para gestar diversos proyectos, necesitó la izquierda y la derecha.

En sus memorias, don Tommy resaltó el gran valor de su primera secretaria, Julita Acosta, quien venía de trabajar con su papá, y que él trajo a colaborar con sus proyectos cuando se instaló en WIAC-AM como productor y libretista de sus primeros éxitos radiales.

“Julita es rancho aparte. Todo lo que pudiera decir de ella es poco. En mi vida he conocido a otro ser con tantas virtudes y ningún defecto. Trabajamos juntos alrededor de cincuenta años. Comenzó como mi secretaria y luego pasó a administrar Radio WLUZ. ¡Cuántos sabios consejos me dio que, mientras tenga vida, nunca olvidaré! (219).

Julita Acosta, doña Luzie y don Tommy
Julita Acosta, doña Luzie y don Tommy (Suministrada)

En el caso de Flavia García, muchos de sus colegas –al igual que sus hijos–la reconocen como “su asistente” o “su mano derecha”. Sin embargo, como ella misma recuerda, su vínculo inicial no fue, precisamente, por asuntos de trabajo.

Flavia García
Flavia García (Suministrada)

“Yo me relacioné primeramente con la familia”, explica García. “Don Tommy llega a vivir a Floral Park cuando yo tenía diez años, y ya él tenía sus primeros cuatro hijos”, explica. “En aquellos tiempos, las urbanizaciones formaban una comunidad. Todo el mundo se ponía a la disposición de sus vecinos”, recuerda. “Doña Luzie se hizo amiga de mi mamá, mis hermanos se hicieron amigos de sus hijos, así que ahí comenzó la relación”, detalla García quien, además de sus estudios en Ciencias Secretariales, completó un grado en Administración de Empresas, otro en Humanidades y un posgrado en Comunicación.

García fue testigo de la llegada de Ruby, la hija adoptiva de don Tommy –quien, en realidad, es una sobrina que vino a la casa para hospedarse mientras estudiaba en la universidad. “Doña Luzie estuvo muy encantada porque ella y yo éramos más o menos de la misma edad, así que nos hicimos amigas, al punto de que es mi cuñada”, dice.

“Cuando me gradué de la universidad –de Secretarial, el mismo programa de estudios en el que, muchos años antes, don Tommy comenzó sin mucho éxito–, mi mamá habló con don Tommy y le pidió que me llevara a trabajar con él para que practicara. En ese verano, yo iba a comenzar un trabajo con el Gobierno Federal”, recuerda García. “Era junio de 1964, no se me olvida la fecha. Ya tenía todo listo y el trabajo con don Tommy iba a (extenderse) hasta julio, pues ya tenía todo listo para comenzar mi empleo”.

En esa fecha, ya Don Tommy se había adentrado en el mundo de la televisión y, durante ese mes, a Flavia “le picó el gusanillo de la televisión”. A la hora de empezar con su nuevo trabajo, que ya había aceptado, Ana –la entonces secretaria de don Tommy– había renunciado. “Me pidieron que me quedara un poco de tiempo adicional, para darles tiempo a conseguir una suplente”.

Cuarenta y cinco años después, García todavía se mantiene a cargo de asuntos relacionados con el legado de don Tommy y colaboró de manera muy cercana a él hasta su muerte, en 2009.

Desafiando a un pionero

“Don Tommy nunca estuvo en una parte administrativa como tal”, admite García. “Siempre puso a otras personas a hacer eso, porque él se dedicaba a traer los proyectos. Era un hombre demasiado creativo”, recalca García, quien admite que los empleados de la empresa eran personas bien leales, en las que él tenía mucha confianza. “Algunos de los que estaban (en la oficina) venían de trabajar con Don Tomí, su papá, y se los llevó a colaborar con él en WIAC-AM cuando empezó a producir para radio”.

Para García, don Tommy ejemplificaba lo que él, en su vida personal, apreciaba mucho: la confianza y la fidelidad a sus propios ideales. “Él creía en la gente, y le daba la oportunidad hasta que le demostraban lo contrario”, asegura. “Se ocupaba de ellos no solo como sus empleados sino en su carácter personal. Ninguna persona que trabajaba con él tenía que pedirle audiencia; simplemente con llegar a la oficina y hablar con él era suficiente”.

Algo que García admiró siempre de su jefe fue el que tratara a todo el mundo con el mismo respeto. “Para él no había distinciones. Tan importante era don Eulogio –la persona que se encargaba de la limpieza– hasta el jefe; no creía en eso de que alguien fuera más o fuera menos”.

Desafiar su ingenio y su ética de trabajo no cabía en el espacio donde don Tommy se desempeñaba, y de ello García puede dar fe. “Tenía un carácter fuerte; no te lo voy a negar”, afirma. “Tenías que hacer las cosas como son, no a tu manera. Si te lo explicaba así, tenías que seguir sus instrucciones, porque tenía muy claras sus ideas, particularmente cuando se trataba de crear para todos los proyectos que llevaba al mismo tiempo”, aclara.

“Una de las cosas que más le molestaba y le mortificaba era la impuntualidad”, repasa García. “Siempre decía que el tiempo era oro, el suyo y el de los demás. Por eso, disciplinó a mucha gente con el ejemplo –era el primero que llegaba, siempre a tiempo, porque practicaba lo que predicaba”, enfatiza.

A juicio de García, don Tommy siempre quisó proyectar, en sus proyectos creativos, toda la riqueza de su vida familiar. “Fíjate que su primer gran éxito fue en la radio, cuando creó La familia Pérez –que tuvo distintas versiones en television hasta llegar a uno de sus programas más recordados, Los García–. Para él, la familia era el principio de todo. Yo creo que lo que él sembró todavía se ve en la televisión, y sus conceptos –aunque transformados y evolucionados– han permanecido vigentes en la pantalla”.

Además, opina que por eso se considera un pionero, pues rescató muchas de sus vivencias o de sus contactos con la gente del pueblo para convertirlos en personajes que, gracias a la gran penetración que tenía la televisión en las audiencias, eran recibidos con mucho agrado y se convertían en éxitos de audiencia.

La trascendencia de sus aportaciones

En su repaso por la vida y carrera de su jefe, Flavia García destaca que, al igual que entretener a la gente con programas de temas cotidianos, aprovechó la plataforma de la televisión para compartir, con los televidentes, su amor por la naturaleza. “A través del Show de Tommy, él canalizó mucho de ese interés por apreciar y defender el país”. De hecho, recordamos un dato que su hijo Pedro también comentó en otro momento: don Tommy lideró el esfuerzo por proteger el Cañón de San Cristóbal –en Orocovis– que estaba en grave peligro de contaminación por la acumulación de basura que se depositaba en ese cuerpo de agua.

“Ahora mismo, el Cañón es uno de los atractivos turísticos más importantes del país, y está considerado un patrimonio natural de Puerto Rico. Igual pasó con Culebra, que era su refugio para apartarse de todo”, subraya García. De hecho, el propio don Tommy afirmó en sus memorias que Flavia, junto a Efraín López Neris, fueron sus fieles acompañantes en ese recorrido que hizo por todos los rincones de Puerto Rico para conocer a fondo sus recursos naturales.

“Para la época de El show de Tommy, los programas en exteriores se hacían en fílmico, ya que todavía no habían llegado a Puerto Rico las cámaras de video tape portátiles que se usan ahora. Junto a Efraín López Neris, que era el director, camarógrafo y audioman, y Flavia García recorrimos todos los rincones de la Isla. Además, filmamos especiales en Guatemala, Nueva York, Miami, Santa Cruz y Disney World”, relataba Don Tommy (273).

Y así, aquel trabajo en el gobierno federal que era, al parecer, su destino final, nunca se dio. De esa decisión, García no se arrepiente porque tuvo la oportunidad de dedicarse por tantos años a apoyar –y ahora, a cuidar y compartir– la gesta de su jefe.

“Como persona, como jefe, con lo que hizo por darle oportunidades a los demás, pienso que hay muy pocas personas que pueden compararse con don Tommy, tanto en lo humano, lo artístico y, obviamente, con su familia. Para mí ha sido un privilegio estar cerca de él y ser una más entre su familia, algo de lo que siempre estaré muy orgullosa y agradecida”, concluye García.

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